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Una silla roja y gay

En una serie española muy buena (buenísima) que acabó hace unos años y de la que era seguidor acérrimo, entre los muchos y diferentes personajes que habitaban el edificio que fungía de escenario para la misma, había una pareja de homosexuales jóvenes y exitosos. Uno abogado, el otro periodista, abrieron los ojos a sus vecinos (y a España) de cómo una pareja de gays puede ser desde tan extraña como nos la podamos imaginar, hasta tan normal como la pareja de viejos más aburrida que ha vivido. En un capítulo de esta serie, los vecinos se encuentran por primera vez compartiendo con la susodicha pareja en su casa, y dentro de su ignorancia y de la exageración que permite la comedia, le empiezan a preguntar cosas absurdas sobre su “condición”, como por ejemplo si podían poner algo de “musica gay”.

Habiendo hecho esta introducción muy pertinente a mi entender,  quiero hablar de la nueva “silla gay” que el Partido Popular  Democrático (PPD) pretende incluir dentro de su Junta de Gobierno.  Resulta que dentro de las serias intenciones del PPD de recuperar la confianza del electorado (ganar las  próximas elecciones como sea), pretenden reformar su organismo regulador para tener una representatividad más real de la ciudadanía puertorriqueña dentro de él. Para lograr esto, pretenden incluir una serie de nuevas “sillas” representativas de áreas o sectores de la sociedad que normalmente no se cubren en este tipo de órgano. Usualmente éstos se componen de representaciones de los distintos distritos de la Isla, y de miembros influyentes dentro del partido como los ex presidentes, presidentes de organizaciones partidistas (Mujeres Populares, Juventud Popular, etc.) o funcionarios electos actualmente. Sin embargo hoy, tras una pela histórica, el partido busca hacer las pases con el sector gay mediante la otorgación a éste de una silla en su Junta de Gobierno, y pretende con eso, me imagino, ganar el voto de esa cada día creciente (aunque siempre existente) parte de la sociedad.

Eso, a grandes rasgos y visto desde lejos, no parecería malo. Parecería incluso un camino a la apertura y la inclusión dentro de un partido político. Excelente. Sin embargo, lo que hay que preguntarse es ¿qué necesidad diferente puede o debe tener una persona de la “comunidad gay” a una de la “comunidad straight”? O sea, lo que se disctute (y es aceptado por la mayoría pensante) es que lo único que distancia a la “comunidad gay” de la “straight” son precisamente los prejuicios y fobias entre una y otra. En otras palabras, en lo único que se diferencia un hombre gay de un hombre straight, es que al gay le atraen otros hombres, y al straight las mujeres. Entonces, ¿vale la pena sentar a una persona ahí simplemente porque sus gustos sexuales son distintos al de alguno otro dentro de su género?, ¿qué no es acaso un tipo de exclusión y marginación implícita el hecho de que tengan que distinguirlos particularmente dentro del resto de la representatividad?

Pues yo creo que sí, y creo que es triste y patético que un partido que históricamente arrastraba a las masas con sus proyectos y planes de futuro, hoy busque complacer sectores de la sociedad mediante inclusiones ficticias y futiles. No olviden que antes de reconcer los gestos, hay que ver de dónde vienen.

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Written by oajvelez

Escritor y copywriter radicado en San Juan de Puerto Rico. Especialista en nada, práctico en todo. Colaborador en QiiBO y recientemente a cargo de ElVocero.com. Que viva la fiesta.

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