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La traición al Puertorriqueño

Mafalda

Mafalda

Mi primera exposición a la violencia, según mi memoria más lejana, se remonta a mis 3 años, cuando un compañero del nursery me apuntó con su dedo índice y el pulgar levantado. Con un gesto abrupto y seco, onomatopeyizó el clásico ¡BANG!, y me mató. Desde ese día no he vuelto a ser el mismo. Ese incidente me lanzó en un espiral de matanzas, violencia y sangre que todavía domina mi doble vida. Por el día publicista, por las noches asesino en serie.

Inmediatamente quedé obsesionado con los GI Joe, con Voltron, los Silver Hawks, Thundercats, incluso mi parte favorita del Chavo del 8 era cuando Doña Florinda le daba pescozadas a Don Ramón y todas las tardes me desvivía por ver la novela de turno para ser testigo de la deliciosa y sangrienta venganza de una mujer o un marido encuernado.
Según fui creciendo iba alimentándome de las imágenes de la televisión que satisfacían mis instintos viscerales, los medios eran mis tutores. Con ellos aprendí todas las formas en que puedo asesinar, torturar y eviscerar una persona. Tenía tantos héroes a quién adorar, John McClane me mostraba la tolerancia del cuerpo al estrés y cómo podía seguir degollando y acribillando a cientos de personas aún estando descalzo corriendo sobre vidrio y con dos balazos en el costado. The A-Team me mostró cómo puedo ser un rebelde y seguir siendo “cool” con el sistema. De Miami Vice aprendí que para matar gente no tengo que andar estrasija’o, de ahí que siempre me visto de suit blanco y camisa rosa cuando voy a cometer mis fechorías. McGyver me enseñó que con la violencia no se llega a ningún lado, si no tienes inteligencia y astucia. Rambo, uff, Rambo era de mis favoritos, esa daga la veía como una extención de mi virilidad, por eso hoy, una daga como esa es la autora de la mayoría de mis obras de arte.

Todo esto pasaba mientras crecía en una familia católica. Asistía todos los domingos a la Iglesia, era ayudante del sacerdote (nunca me molestaron, por desgracia), me confesaba dos veces en semana, aunque nunca confesaba la sensación erótica que me causaba la muerte de otros seres humanos. La religión no la veía como una contradicción a mis acciones y pensamientos. Me decían que Dios está en cada uno de nosotros, y a la vez me decían que Dios mandaba plagas y llevaba a cabo genocidios a grupos étnicos enteros. De alguna manera me sentía justificado, es lógica básica, si Dios mata, y Dios vive dentro de mí, pues yo puedo matar, porque, al final, YO soy Dios. Todavía hoy, me siento igual. Yo, igual que Dios, tengo el poder de crear y quitar la vida, el poder de juzgar qué está bien y qué está mal. Soy casi Todopoderoso.

Toda esa violencia que aprendí durante la infancia, se fue acumulando. En la adolescencia aprendí todavía más, porque ya mis papás me dejaban ver cosas más fuertecitas. Estuve expuesto a esas joyas cinematográficas que todavía hoy alimentan las mentes putrefactas de psicópatas como yo. Algunas de mis favoritas: Men in Black, Independence Day, Bad Boys, Pulp Fiction, Home Alone, Shawshank Redemption, Forrest Gump, The Professional, Saving Private Ryan, y, mi favorita, Silence of the Lambs. Hannibal Lecter es digna representación del mundo moderno y todos deberíamos adorarlo como el modelo que la humanidad debe seguir. Recuerdo haberme quedado extasiado cuando me enteré que la sociedad compartía mi admiración, al otorgarle los premios Oscar de: Mejor película, mejor actriz, mejor actor, mejor director y mejor guión. Ahí queda demostrado que toda nuestra sociedad está de acuerdo con mis pensamientos y el de todos los psicópatas violentos que habitamos la tierra.

Más recientemente estuve expuesto a otra joya cinematográfica que se llama City of God. Una película de origen brazileño donde se expone la vida en las famosas favelas. Allí, niños de 12-18 años se entran a tiros por el control de puntos de droga, o de mujeres con quién tienen asquerosos actos lascivos. Esta película tuvo gran aceptación entre el público, ganó decenas de premios a nivel internacional, toda la gente cool la ha visto, si usted no la ha visto pues entérese que es un charro. Los jóvenes que actúan en la película son talentos encontrados en las mismas favelas, y conocen de primera mano las situaciones a las que se exponen en la película. Otro ejemplo de una película reciente, que toda la gente con valores morales bonitos encontraron maravillosa, fue Slumdog Millionaire. En la misma, niños sacados de los arrabales en la India, actúan las situaciones de violencia e injusticia que viven diariamente. Incluso una de las niñas del reparto, en la vida real fue vendida a un hombre mayor que la compró como esposa. Just another day in the Indian tropic.

Lejos de la ficción, todos los días vemos el Discovery Channel, el National Geographic, los infomercials de UNICEF, las noticias internacionales donde niños, alrededor del mundo son entrenados para matar antes de llegar a la pubertad. En fin, la violencia no es ajena a nuestros ojos. Todo ese material nos lo tragamos diariamente, nos indigna y nos asombra. Lo conversamos en las oficinas y reuniones familiares, como una cosa de tercer mundo, un tema foráneo, le cogemos pena a esos pobres países que no tienen recursos, y que la democracia se ausenta injustamente. Hay quiénes aseguran que esa pobre gente no conoce del poder de Dios y que por eso están como están. Esas atrocidades pasan en esos pobres países que no tienen carreteras, ni internet, ni grifos con agua limpia en sus casas. Esa gente caga en la tierra y se limpian el culo con hojas, no se lavan los dientes y tienen sexo extramarital. Se meten drogas hechas de hierbas demoníacas y le bailan a dioses paganos. ¿Pero en Puerto Rico? Na, eso aquí no pasa. A lo mejor en Loíza na más, porque eso es cosa de negritos. Pero en Ponce ni pa’l cará. Mucho menos en San Juan.

Traición de Chavier:

Hace unas semanas aparece un videíto en youtube que muestra a jóvenes puertorriqueños dramatizando lo que se vive en el residencial donde habitan. Se titula Traición en Chavier. Los jóvenes aseguran que no es el primero, que han hecho varios videos y que incluso han ganado premios en competencias cinematográficas nacionales. ¿Por qué lo hacen? Según ellos porque están aburridos. Parece que el ofrecimiento de entretenimiento mediático no está funcionando. Las novelas que ponen de 1pm a 10pm, no son llamativas para este demográfico, y, como no tienen cable para ver My Super Sweet 16, estos chamacos deciden salir a hacer cine. Ahora, imagínen el brainstorming para este cortometraje.

-Hmm, ¿de qué vamos a hacer la película?
-Acho papi no sé, viste, yo estaba pensando hablar sobre lo justo que es el sistema con nosotros y cómo la democracia, y las políticas neoliberales han dirigido nuestra cultura a la cúspide de su desarrollo. Me encantaría exponer al mundo lo grandioso de nuestro sistema, y como todos vivimos en paz y armonía, gracias a la excelencia con que se maneja.
-Acho no, eso está aburrido, mejor vamos a virar eso patas pa’ arriba y hacer como una metáfora de eso. Papi, no me malinterpretes, vamos a hablar de eso, pero al revés, como de manera sarcástica. Por ejemplo aquí no hay violencia, todo es pacífico, pues vamos a actuar como si estuviésemos en guerra. Así demostramos el dominio que tenemos del discurso cinematográfico. Mano, ya tu verás, el año que viene vamos a estar tirándonos francesitas en los parties de Cannes.
Sip, estoy seguro que así mismo fue. Por eso quieren arrestar a los padres de los chamacos, por permitirle a los jóvenes ser unos smartasses.

Toda esta controversia me recuerda a lo que pasó hace par de años cuando vino la National Geographic y le tiró fotos a gente puyándose en La Perla. El país entero se volcó en rebelión, asegurando que esa no es la realidad de la Isla. Que hay cosas bonitas que enseñar. Todos se preguntaban por qué no se fueron a las Cuevas de Camuy, o a la hacienda de Manuel Rojas en Lares (no, eso último nadie se lo preguntaba).

Me pregunto qué están pensando todas esas personas que se escandalizan con videos como este. Yo pienso que es el complejo (de acompleja’o). El gran complejo puertorriqueño. De la misma manera que nos avergüenza cómo suena nuestro acento en programas internacionales, nos avergüenza el reggaetón, nos avergüenza todo lo que suene a ser de aquí y no de allá. Nos avergüenza un boricua diciendo hijo de la gran puta, pero aceptamos con brazos abiertos y le damos reconocimientos en la legislatura a españoles que dicen en televisión prime-time: “Joder, coño, ‘joeputa, maricón, te comía enterita y me cosía el culo pa’ no cagarte”. Nos avergüenza saber que no somos gran cosa na, que somos igual de atrasados que esos países en los que descargamos todas nuestras inseguridades, tildándolos de tercermundistas, ignorantes, salvajes.

Esta semana el fundamentalismo religioso y un gobierno con miedo a la libertad de expresión, al arte y a la masa consciente, movió sus fichas para traicionar al puertorriqueño. ¿De qué lado estás?

Aquí links a la noticia y algunos posts/foros con ambos puntos de vista, el imbécil y el inteligente.

Primera Hora 1

Primera Hora 2

Primera Hora 3

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