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Si guías, bebe.

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Abre la escena en una lanchita humilde, una Bertram 53′. Son las 7 de la mañana, el día está soleado, el cielo azul celeste, el agua turquesa y transparente en una de las British Virgin Islands. Una mantarraya se pasea junto a un par de delfines debajo del bote mientras el graznido de las gaviotas anuncian la proximidad de costa. Vemos a un hombre mayor, de unos 63 años que se contonea al ritmo de Duran Duran-Rio. Digamos que nuestro personaje se llama, no sé, Tomás Irizarry Concepción.

Tiene puesta una Tommy Bahama amarilla, unos bermuda Nautica, azul marino y unos mocasines Nautica a dos colores, marrón y blanco. Pasea una mimosa con Veuve Clicqot mientras se acerca bailando a una joven sueca, rubia de unos 23 años con bikini blanco y piel bronceada. De la cabina sale otro señor mayor, llamémoslo Arnaldo Irizarry, de la mano de otra rubia pero inglesa, sonriente y extático.

Ésta muy bien puede ser la escena para la que se está preparando hoy el doctor, no en lenguas o en física cuántica, sino uno de esos que visitas para que te metan un supositorio y te den una paletita con sabor a antibiótico, Tomás Irizarry Concepción. Ayer, el doctor fue absuelto de cargos por homicidio involuntario, abandono de la escena, negligencia crasa y temeraria al manejar un vehículo y causar grave daño corporal a una persona. ¿Qué tiene que haya sido absuelto el pobre doctorsito? Vámonos de flashback.

Los hechos ocurrieron en el 2005 cuando en la madrugada, el doctorsito viene conduciendo a exceso de velocidad y rebasa una luz roja, impactando el automóvil dónde viajaban dos personas. Una de ellas resulta muerta y la otra gravemente herida. Al hacerle la prueba de alcohol, el doctor arroja 15.8% de alcohol en la sangre.

Si el lector, es como yo, que se considera más o menos inteligente, con un nivel escolar que sobrepasa el kindergarten, pensó: “Coño, ese tipo es culpable, igual que la muchachita ingeniera que está cumpliendo cárcel ahora mismo por matar a tres estando mucho menos borracha”. Pues fíjese que no, que para los juristas, usted, igual que yo, tiene el coeficiente intelectual de una grapadora, porque lo que debe haber pensado es: “(…)la joven (conductora) fue negligente porque no se percató de que venía un vehículo rebasando la luz roja en estado de embriaguez”. Si se siente raro al terminar esa oración, no se preocupe. Aunque el sentido común le diga que los vehículos ni rebasan la luz roja ni andan en estado de embriaguez, el bruto es usted, que ni siquiera entiende que la sintaxis es diferente en lenguaje jurídico. Los juristas están en un nivel intelectual superior que sólo se alcanza apeándose de un yate y andando por los paseos tablados de Ceiba.

La historia no acaba ahí. Aquí viene lo que los cineastas y dramaturgos conocen como el Plot Twist. ¿Recuerdan la película Sixth Sense, que al final resulta que Bruce Willis está muerto? Pues eso es un Plot Twist. En nuestra película hacemos flashback a 1992, donde el doctorsito Tomás Irizarry Concepción se ve involucrado en un accidente de tránsito donde resulta muerta una persona y adivinen. ¡El doctorsito estaba ebrio! Luego hacemos un flashforward al año 2003. Nuestro protagonista se ve involucrado en un accidente de tránsito donde resulta muerta una persona y adivinen. ¡El doctorsito estaba ebrio! Así como lo lee, no fue un error del escritor, efectivamente pasó lo mismo dos veces antes, más una, pues tres. 2+1=3. TRES veces y el doctorsito sale absuelto en TODAS las ocasiones. Este tipo en vez de hacer el juramento hipocrático hizo el juramento hipócritico.

Pero bueno, yo aquí he estado tirándole a los pobres juristas que, después de todo también tienen que llevar el sustento al hogar y poner el plato de pato rostizado y majarete de viandas en las bocas de sus hijos. ¿Qué tal el Departamento de Obras Públicas que no le ha suspendido la licencia al doctorsito? ¿El Colegio de Médicos de Puerto Rico que tampoco le suspende la licencia?

De esta situación, lo mejor que podemos sacar es que con la decisión de este juez se establece un precedente. Ahora si ando borracho y mato a alguien no voy ni a contratar abogados. Diré en corte: “Según el mejor criterio del juez Arnaldo Irizarry en el caso yonosecuánto del Tribunal de Puerto Rico, en unos hechos desatados de la misma manera que se desataron los que aquí hoy se juzgan (¿?) el culpable es la víctima y no yo”. Y ya, absuelto. El estado nos ha dado Carte Blanche para guiar ebrios. Si yo fuera el abogado de la muchachita de Mayagüez, hoy mismo estaría en la corte presentando una apelación a la decisión del juez. Además, pediría una indemnización a las familias de los fallecidos en el accidente, por negligencia al no percatarse que estaban en el mismo medio cuando una pobre muchacha dormida transitaba por la acera.

La misma información pero más aburrida aquí y aquí.

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