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Spanish Involution

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Este año ha sido un año lleno de revoluciones. Unas violentas como la de Egipto, cuyos ciudadanos consiguieron deponer a Mubarak, como la de Libia, que tiene a Gadhafi a punto de perder el poder, o como la de Tunez, que puso a Ben Ali fuera del país ante su imposibilidad de frenar las protestas. También han estado las pacíficas, como la huelga de la UPR, que consiguió absolutamente nada, y la #SpanishRevolution, que ha sumado entre sus conquistas, un grandioso nada de nada.

Después de las elecciones del 22M, la Spanish Revolution, ese grupo de gente de diferentes perfiles que no se sienten identificadas con ningún partido político, ni con la sociedad reinante e imperante, con un apoyo de la prensa sin precedentes, se ha convertido en la Spanish Involution, un grupo de gente acampados en el centro de Madrid, a los que nadie, excepto los comerciantes del area perjudicados en sus intereses económicos, prestan la más mínima atención.

Lo que se defendió en principio como una revolución global, a la que algunos llegaron a parangonar con el Mayo del 68, o con las revueltas de los países arabes, se ha convertido en una acampada a lo boy scout.

¿Por qué? Se preguntaría Mourinho. Ya te decimos desde aquí José, que los arbitros no han tenido nada que ver, pero si el calendario. Varios factores han primero elevado la Spanish Revolution hasta un límite exagerado y los mismos la han vuelto a poner en su lugar. ¿Cuales son estos factores?

Oportunismo- Los acampados, después de más de 5 años de galopante crisis económica, decidieron acamparse 5 días antes de las elecciones municipales y autonómicas. No era el momento más oportuno para dar credibilidad a sus propuestas, sino que más bien parecio como una clara manera de influenciar en los resultados electorales, aunque finalmente no fuera así.

Propuestas- Si bien las propuestas iniciales de la multitud eran concretas aunque utópicas, derivaron en payasadas como “amnistía fiscal”, “impago de la deuda”, “abolición del Fondo Monetario Internacional”, etc… La credibilidad, toda pa’l carajo.

Carnaza para la prensa- Los chicos del “Yes. We camp” fueron utilizados de manera evidente por los periodistas, que a falta de carnaza previa a las elecciones, dieron a la noticia una repercusión que no tenía. Una vez finalizadas las elecciones, y con noticias nuevas y frescas, la prensa abandono al campamento revolucionario a su suerte.

Pacifismo obsesivo- Todavía me falta ver una revolución que haya triunfado sin un poquito de violencia… y no me vengais con Gandhi, que el mismo califico de fracaso su política de no violencia tras las revueltas sangrientas de los años 20. No hace falta matar a nadie, pero un poco de candela hay que ofrecer, y no la payasada elevada a la enesima potencia de los “gritos silenciosos” a las 12 de la noche. Mientras la plebe usa los gritos silenciosos, los políticos están en su casita al calor de la chimenea, sin ni siquiera tener que soltar a sus perros de la Policía Nacional. No es tan complicado aprender un poco de la historia, y del presente, las revoluciones pacíficas no funcionan. Vease Francia 1789, Guerra Civil Americana, I y II Guerra Mundial, Mayo del 68, Egipto, Libia, Siria. Ya me imagino yo a Robespierre o a Gadhafi haciendo “gritos silenciosos” con las manitas.

Pues nada chicos, que otra vez se han reido de vosotros en vuestra misma cara, que después del show contra el PP y el PSOE, el PSOE sigue en el gobierno, y el PP gobernando, pero le podreis contar a vuestros hijos, si alguna vez podeis pagaros uno, que participasteis en la gloriosa Spanish Involution, y que sois unos heroes de pacotilla, porque no teneis lo que hay que tener para hacer una verdadera revolución, y no una acampadita con bocadillos y cervezas. Enhorabuena.

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