Hablemos de Roberto Arango: En negación.

En negación. En negación. En negación. En negación.

Hablemos de Roberto Arango

Hablemos de Roberto Arango
Sé que se están preguntando por qué el título de esta nota está escrito exactamente cuatro veces. Hablemos de Roberto Arango.

Aparentemente el señor que ocupa(ba) el segundo rango de mayor importancia dentro del senado de este país , el (ex)portavoz de la mayoría parlamentaria Roberto Arango, fue tirado al medio, como dirían en Santurce, en un programa de chismes local. El escándalo se centra en unas fotos en las que el (ex)senador cubano-puertorriqueño aparece desnudo, en una de ellas exponiendo sus partes que ya no son íntimas. Para añadir pique a la mezcla, las fotos fueron encontradas en un sitio de Internet que funciona como enlace entre homosexuales para concertar encuentros. Se asume que es él tanto por varios rasgos comprometedores en las fotos , como por su reacción ante los cuestionamientos que en vez de ser un rotundo “NO FUI YO”, fue un cantinflesco y titubeante “No sé si fui yo, no recuerdo, pero eso no quiere decir que no fui yo”.

Entonces, repasemos la situación: tenemos un senador que comparte fotos íntimas en foros homosexuales. Sinceramente, por mí como si pegara pasquines en los baños de Krash con su teléfono y una línea que diga “Ex gordito busca hombre barbudo con quien pasarla bien”. Me da exactamente igual la vida personal tanto de ese señor, como del resto de personajes que pululan por los pasillos del Capitolio. Ni soy quién para juzgarlo, y si lo fuera, no encontraría nada en su conducta que me causara asombro o molestia.

Es un hombre homosexual más en Puerto Rico que decidió publicar fotos en Internet. No es el primero ni será el último. Punto.

Ahora bien, dicho lo ya dicho, aún queda por decir algo más. Al igual que eximo de culpa a Roberto Arango por su conducta o preferencia sexual (y por su redacción en inglés), no puedo hacer lo mismo por su firmeza, su responsabilidad, y, más importante aún: su palabra. Porque este señor al que vemos hoy contra la pared (cosa que no necesariamente le molesta), y con el que más de uno se identificará como alguien perseguido en un momento dado simplemente por sus preferencias sexuales, es uno de los senadores que apoyó la Resolución 99 que pretendía elevar a nivel constitucional el matrimonio entre hombres y mujeres en la Isla. Este caballero es republicano, conservador, y se ubica a la derecha de la derecha del pensamiento social. Este tipo, ha usado su posición para aumentar el resentimiento de parte de la población a la comunidad gay, a la cual él pertenece, tácita, y realmente.

Aquí es donde, dentro de todo, me alegra mucho que situaciones como esta se den. Donde alguien cae no por lo que dijo otro de él, no por lo que alguien piensa de él, sino por sus propios argumentos que chocan con sus acciones. Lo importante aquí es darnos cuenta, como hemos dicho hartas veces, que cuando votamos por alguien le damos el poder de decidir por nosotros lo que nos conviene, y no podemos olvidar que en esas decisiones que ellos tomen, van incluidas sus posiciones, valores y hasta sus complejos. Un hombre que reprime lo que él mismo es, es un hombre que no tiene la capacidad de decidir lo mejor para otros. Especialmente cuando usa su poder para tratar de aparentar ante sus votantes que realmente piensa algo, cuando personalmente desea todo lo contrario. Cuando busca oprimir a quienes viven felices reconociendo lo que él no puede, y precisamente por eso, busca callarlos y de esa manera, dejar claro ante la gente que él NO piensa como ellos y por tanto, NO es como ellos.

Y la verdad es que no lo es, y es esta una buena manera de concluir. El que como él, busca encajonar a toda una comunidad cuyo ÚNICO rasgo compartido es su preferencia sexual y los juzga a TODOS de la misma manera, no entiende que cada persona es un mundo, y que ser gay no necesariamente te hace una mala persona. Ahora bien, ser gay, ocultarlo, y usar una posición ganada por la confianza del pueblo para oprimir a la comunidad a la cual no puedes aceptar tu pertenencia, sí que lo hace.

No hay nada peor que tratar de hacer creer algo que ni uno mismo se cree.

Y ahora que Arango ya se fue, es hora de divertirse.

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