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Techos de Cristal

Columna: Techos de Cristal. – Sobre el caso del ex-representante Héctor Ferrer y otros políticos

Esta semana el país vivió el desenlace de la carrera política del, hasta entonces Representante, Lcdo. Héctor Ferrer tras haberse enfrascado en un problema familiar que terminó en acusaciones contra éste de violencia doméstica. Una semana después, luego de todo lo ventilado públicamente, tenemos al legislador renunciando a cada uno de sus posiciones y a su aspiración a ser alcalde de San Juan por el Partido Popular Democrático [PPD].

Por un lado, el País debió aprovechar este momento para discutir seriamente más allá de lo acontecido y de lo político sobre violencia doméstica y Ley 54. Y no convertirlo en un asunto de bandos y adjudicar por cuestiones políticas o por condición de género. De más está decir que, la violencia psicológica y física existe y evidencia hay de sobra. Ese mismo fin de semana tuvimos tres casos fatales como consecuencia de violencia doméstica. El tema no debe dejarse a las tribus. Tenemos familias enteras destrozadas a causa de ésta como para ignorar el tema por colores partidistas.

Por otro lado, quiero hablar de estos “honorables” y de la forma en que se llevan a cabo estas campañas electorales que en nada tienen que ver con las mejores propuestas para el país. Me parece que el poder político los ha llevado a creerse que son: honorables, intachables, incorrompibles, morales, justos, perfectos, etc., etc. El caso del Lcdo. Héctor Ferrer demuestra que por más que intentes construir una reputación impecable, se es humano, más allá de otras consideraciones, y que todos los humanos tenemos debilidades e imperfecciones. Señalar en el mundo político puede costar muy caro porque es casi seguro que busquen y encuentren señalamientos.

No hubo titubeos de parte del Lcdo. Héctor Ferrer al pedir la renuncia de su compañero de partido Luis Farinacci y en un abrir y cerrar de ojos cuando nadie se imaginaba fue acusado por el mismo delito. Si miramos hacia atrás, veremos el desfile de acusados, convicciones, expulsiones, renuncias, etc., de toda índole. Desde robos de energía eléctrica, de agua, no pagos al CRIM, hijos fuera del matrimonio, soborno, extorsión, corrupción, parejas fuera del matrimonio, hasta casos de adicciones y narcotráfico.

Miremos algunos nombres: José Luis Rivera Guerra y su caso con la AAA, AEE y el CRIM; al alcalde de San Juan, Jorge Santini, siempre se le ha cuestionado su reputación; el alcalde de Barceloneta, Sol Luis Fontanes se le econtró causa y duerme en prisión; la alcaldesa de Guayama tiene asuntos pendientes con el CRIM, la senadora Evelyn Vázquez se ha librado en dos ocasiones de un Fiscal Especial Independiente [FEI], el Ex-Secretario de Educación tiene casos con la AAA, AEE y Autoridad de Tierras, a la primera dama, Lcda. Luz E. Vela, se le tiene en la mira por la gran cantidad de notarías planteando serios cuestionamientos sobre conflicto de intereses; Aníbal Acevedo Vilá, mientras era gobernador, enfrentó acusaciones en el foro federal; Héctor Martínez fue vinculado a un narcotraficante, conocido como “Coquito”, y ayer fue sentenciado a 4 años de cárcel por cargos de corrupción en el foro federal. A Alejandro García Padilla le han insinuado abandonar a su esposa, un caso de violencia doméstica y han amenazado hasta con sacar su expediente académico… Son muchos los casos, muchos.

Me preocupa que mientras más nos acerquemos a las elecciones exista la necesidad de querer meterse hasta en la cama de la gente. Por ejemplo, lo obsceno de Roberto Arango, para nada pueden ser las fotos publicadas, ni su orientación sexual, es su legislación en contra de la igualdad y abogar por coartar derechos a sectores marginados. Se nos va la vida, como país, con asuntos importantes por la que echar el País adelante. Señalamientos por faltar al deber ministerial hay de sobra como para atacar asuntos personales porque como dice el epígrafe cuanto más dolor existe más secretos salen a la luz pública.

No me extraña, por ejemplo, que Thomas Rivera Schatz, José G. “Guillilto” Rodríguez y José Aponte, deseen regular la Internet con cada uno de sus proyectos. Más allá de buenas prácticas, buscan evitar recibir las pedradas de lugares inciertos y que una de esas piedras destroce sus techos. Entonces, en vez de aprender la lección y ser un poco más honestos y plantearse humanos, los políticos se van en la ola de señalar de forma implacable, desde la perfección y mientras tiran piedras a diestra y siniestra por momentos se les olvida que todos tienen los techos de cristal.

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