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WiFis

Normalmente, cuando un alcalde en alguna ciudad del mundo anuncia que se dispone a ofrecer servicio de conectividad a la Internet gratuita a residentes de sectores de clase baja, se celebra la decisión. Normal, en mi opinión. Incluso me parece que es algo muy chévere decir que “en mi país la gente pobre tiene acceso al Internet gratis”. Nítido. Los ricos que paguen.

Pero no todo puede ser tan simple. Mucho menos en esta curiosa Isla. El primer problema consiste en las motivaciones de Jorge Santini para hacer esto. Año eleccionario y en un caserío que es particularmente gigante [aunque no es el más grande del mundo] y representa muchos votos. Esta claro que este señor no lleva 12 años de alcalde solo por su cara redonda, hinchada y roja. Este señor sabe cómo ganar elecciones.

Sin embargo nos desviamos del tema cuando lo atacamos, entre todas las cosas por las que podemos hacerlo, por una gestión como esta. Hay miles de maneras de ganar votos más corruptas, más sucias, y sobre todo menos justas que la de dar algo gratis a gente a la que le hace falta y no puede pagar. Y no se confundan, no pasaré a establecer juicio sobre el tipo de persona que vive en estos residenciales, de la consciencia que tengan de su situación, ni de si son mantenidos felices o no. Ese es otro tema, y ese es otro problema. Otro, pero aquí hablaremos de este.

El problema aquí es la sutil pero existente guerra de clases que se ha creado entre la clase media trabajadora, y la clase baja de este país. Mientras el estado se esfuerza por agradar a los millonarios e inversionistas, los alcaldes complacen a los menos pudientes dándoles aquello que les hace falta a cambio de mantenerlos como caciques municipales. Todo esto se traduce en votos. Pero la clase media está ahí, pillá, trabajando, contando los chavos y pagando Internet. O al menos pagando un café en Starbucks para usar su Internet gratis.

Sobre el anuncio de Jorge Santini de dar acceso gratis a Internet al casería Llorens Torres

Y es que en el sistema mercantilista en que vivimos, en que todo se resuelve con billete, hace que quienes trabajan pero no son ricos vivan una vida muy trabajosa en comparación con la clase baja, y muy poco cómoda comparada con la alta.

Pero, y aquí está el detalle, ¿es esto culpa de quienes residen en Llorens Torres?, ¿son ellos quienes piden que les paguen Internet, que no les cobren el agua o que paguen rentas de $7? ¿Son ellos quienes sobornan legisladores para que la clase alta pague cada vez menos impuestos? Pues claro que no. Es el estado, el sistema en el cual vivimos que permite que esto suceda.

El problema no es Llorens, sus residentes ni su estilo de vida. Mucho menos es Santini, su gel y su fuerza de cara. El problema es que tenemos muchos problemas, pero dar Internet gratis a gente pobre, no es uno de ellos. Motivaciones, guerras de clase, y vagonetas aparte. Créanme que ellos suficiente tienen con vivir con miedo de recibir un tiro un lunes regresando de la compra. Tienen suficiente con que les regalen Internet, pero no tengan dinero para una computadora. Llorens no es el problema. Llorens ya tiene sus problemas.

Así que yo digo, alegrémosnos por Llorens y sus residentes. Seamos felices de que en este país hay alguien, quien sea, que recibe Internet gratis por decisión del estado. Es momento que apuntemos al verdadero enemigo. A ese que crea una clase baja que no puede aspirar a educarse mejor para así superarse. A ese sistema en que el voto democrático es una moneda de cambio más: unos lo compran billete a billete, y otros lo ceden a cambio de lavadoras. O de Internet.

Escojamos nuestras batallas amigos, por favor, que se nos acaban las balas disparándonos entre nosotros, mientras los verdaderos malos se nos escapan.