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Rostros

Tengo una  hija de 4 años.  Edad en que muchos padres buscamos “actividades extracurriculares” para abonar experiencias que ayuden a construir a esa ciudadana que como padres queremos regalarle al país.  Con la energía y las destrezas motoras que hemos visto en ella pensamos en algunos deportes.  Así que nos dirigimos a la Federación Puertorriqueña de Gimnasia y en días más recientes al L.C.T. Shaolin Arts Institute, (una escuela de Kung-Fu.)  ¿Por qué les cuento esto?  Porque cuando solo faltan 32 días para las elecciones, la contienda busca hacernos creer que la salvación del país está en manos de un político sobre los otros.

¿Saben qué?  Pues no, la salvación de este país está en esos rostros con los que me encuentro cada semana.  En esos padres que se preocupan de darle otras experiencias a sus hijos a pesar de que el país es un completo desorden.  Sin embargo, los rostros que más me sorprenden son los adolescentes y jóvenes que dedican sus tardes, sus sábados enseñándoles un deporte, un arte, un conocimiento a niños con todo el compromiso y la madurez que muchos políticos no pueden sostener ni por un día.  Con 14, 15, 16 años te hablan de la dedicación, el esfuerzo y las horas al día dedicadas a su disciplina.

Un joven nos comentaba, “practico 4 horas diarias, a veces, he querido quitarme, pero no puedo”  ¿Saben por qué no puede?  Por la disciplina, el compromiso, el amor, las ganas a lo que hacen y sobre todo el deseo de ser mejores cada día.  Esos rostros, no otros, son la salvación del país.  La salvación del país está en quienes deciden aportar desde el anonimato deciden forjar jóvenes con el compromiso y el entusiasmo sin esperar un contrato millonario por ser amigo de la casa.  Rostros anónimos, rostros de todos los días, pero rostros que un buen día, quizás, pueda darle una alegría tal al país como lo hizo Jaime Espinal, por ejemplo.

Faltan 32 días para las elecciones, no importa quien gane, no importa quien pierda, el país estará sumergido en una crisis más profunda en todos los niveles.  Es hora que apostemos por el país que queremos, por el país que queremos construir.  Es hora de emular esos rostros desinteresados que existen en las comunidades, en el vecindario, en la escuela, en el trabajo, en el barrio que buscan día a día dar la milla extra sin cámaras, ni corbatas ni millones en los bolsillos.

Faltan 32 días y me conmueven más las sonrisas y el compromiso de estos jóvenes que la promesa de campaña de turno.  Que quiero un país en que los niños sean felices y tengan un verdadero futuro, no un futuro del que hablan los políticos que parecería más hablar de pasado obsoleto.  Que estoy cansada de esta Isla de Focas, que aplauden al de gabán y corbata solo porque es de una tribu política, aunque eso tenga como consecuencia un país en ruinas.

¿Será posible empezar a construir el país que queremos desde nuestra propias manos y de paso mandar a los políticos a la mierda?  Por Puerto Rico.