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Puerto Rico vs La Comay

Hay un viejísimo cuento judío de un monstruo llamado “Golem” que fue creado para una intención. El Golem tomó vida y a medida que pasaba el tiempo se volvió una amenaza para todos, especialmente su creador y tuvo que ser destruido. Obviamente estoy usando una metáfora para referirme al títere inventado por Antulio “Kobbo” Santarrosa que de ser un segmento de chisme farandulero del desaparecido programa “El show de las 12” lleva más de diez años con su propio programa y se convirtió en un casi imperio mediático. Ahora lo quieren sacar de la televisión usando el boicot como arma pero, en lugar de simplemente dejar de verlo, le dan donde más le duele, los anunciantes. Porque la realidad es que aunque tengas la mayor audiencia, si no tienes a quién venderla, no te sirve de nada.

De momento me siento en otro país. ¿De verdad que esto está pasando en Puerto Rico? Un país con un déficit de atención tan terrible que si le preguntas al alguien ahora mismo quien es Heidy Wys te mire con la misma cara fresca con la que ella sigue cobrando su jugoso cheque quincenal. Pero sí, parece que esto está pasando, en menos de 3 días un grupo en Facebook, “Boicot a La Comay” ha conseguido más de 57,000 “Likes”. Prácticamente todos los estatus han hablando de esto de una forma u otra, igual en Twitter y al momento de escribir esto, más de ocho distintas empresas han prometido sacar sus anuncios del programa. Algunos han salido en defensa de Kobbo y su muñeca, argumentando que la libertad de expresión es más importante y que gracias a este tipejo se han resuelto casos criminales y se ha mantenido vigente otros como el de Lorenzo en el cual no hay acusaciones todavía. Pero la libertad de expresión, al igual que otras libertades, no es absoluta y los comunicadores públicos tienen que entender aunque no les guste, si tienen el valor de decir lo que quieren, así mismo lo tienen que tener para aguantar el empuje de vuelta.

La realidad es que la culpa de que Kobbo esté donde está, millonario y exitoso, es de nosotros, todos nosotros. Incluyendo los que se dan golpes de pecho que no la ven. Dice una leyenda que en un momento dado de nuestra historia, la prensa de este país, daba noticias y hacían investigaciones. Pero Puerto Rico se ha convertido en una sociedad de gratificación instantánea. Lo queremos saber todo ahora y lo único que nos interesa es la noticia nueva, el escándalo más fresquecito. Todo empezó cuando te sentabas como zombi frente a la televisión para escuchar cuando la modelo se tiro el peo, la última chilla que tuvo el político y etcétera etcétera. Cuando llegamos a Internet, hicimos lo mismo, cada vez que le diste clic a la sección de farándula, cuando compraste el periódico con la portada más sensacionalista, los medios se dieron cuenta. Nos guste o no, el periodismo, como casi todo lo demás, es un negocio y los negocios producen lo que se vende, lo que la gente quiere saber, quiere tener.

Antulio Kobbo Santarrosa

Los periódicos empezaron a hablar cada vez más de lo trivial, de las tonterías de los famosos, los artículos cada vez más cortos y en letras más grandes, porque no nos gusta leer mucho. Los noticieros de la televisión acortaron los segmentos cada vez más, menos tiempo del suceso porque había que dar espacio a la entrevista con el actor o con el cantante. Tuvieron que incluir el más reciente divorcio de los artistas justo después del terremoto que ocurrió en quién rayos sabe donde. De igual forma la radio se fue llenando de gritos, de anclas con tonos de voz altos y firmes, rayando en la pedantería porque todos querían ser “la autoridad en la noticia”, sea cual sea. Se nos llenaron los espacios de analistas bocones y hasta locos. En otras palabras, se convirtieron en la competencia de la muñeca. Copiaron y acomodaron a su estilo y como mejor pudeiron, para ganar nuestra atención.

El resultado fue que La Comay tuvo que buscar que más hacer para mantener su estatus y entonces descubrió el poder que tiene una foto de un niño blanco y rubio supuestamente asesinado por su propia madre, joven, blanca, bonita y lo más importante, de alta clase social. Esos “riquitillos” que se creen mejor que el resto, que lo tienen todo y siempre se ven bien. Por supuesto que esos “blanquitos” tenían algo que esconder y La Comay lo iba a sacar al aire para que todos lo viéramos. Así Kobbo se convirtió en el héroe de los pobres, de los que no tienen voz, del pobre angelito que no ha recibido justicia pero sobre todo, de la verdad. Porque él siempre habla con “la verdad”, ¿verdad?. El problema es que Kobbo se lo creyó de verdad, que su palabra hacia temblar a los poderosos y nadie se podía meter con él. Su ego creció tanto como el cheque que recibe por su trabajo, el cual, por cierto, nunca nos ha dicho cuánto es. Pero entonces se encontró con la realidad, como cuando sus expresiones homofóbicas le buscaron problemas y tuvo que recular.

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Ahora buscan boicotear su programa por sus asquerosas expresiones sin evidencia de que José Enrique se buscó la horrible forma en que murió por estar buscando favores sexuales, pero recuerden que para Kobbo, su palabra es suficiente para que sea “verdad”. Si queremos sacarlo, primero hay que aceptar que fuimos nosotros los que lo pusimos ahí: cuando le dimos clic a la noticia trivial de la cantante, cuando no compramos la edición con el reportaje investigativo pero si el de la portada con la modelo semi-desnuda. Cuando preferimos escuchar al loco en lugar de a unos más serios y comprometidos.

Me sabe a mierda decir que si no fuera por ese programa, el caso de Lorenzo estaría tan enterrado como ese pobre niño. Pero el trabajo de Kobbo no es investigar ningún crimen, para eso esta la policía, para eso están los fiscales. Sin embargo vivo en un país donde solo 3 de 10 casos se esclarecen. Déjenme repetir eso; solo TRES DE CADA DIEZ casos se esclarecen. Entonces debemos pedir, ¡no ordenar!, a nuestro gobierno que arregle el sistema. De igual forma nos toca a nosotros cambiar el país. Denunciar. Ya hemos demostrado el poder de las redes sociales pero hay que hacer más; hay que tener los pantalones de esa madre que entregó a su hijo, hay que arreglar esto, una cosa a la vez. Dando paso en el tapón, leyendo, preguntando más de lo que hablamos sin saber, de saludar al desconocido cuando nos subimos a un ascensor, o de diferir sin tener que llegar al insulto.

SuperXclusivo no es el programa mas violento de la TV, tampoco es el único que usa su estilo pero definitivamente es el peor y por algo se empieza. Solo mantengan en cuenta que antes de darnos el próximo golpe de pecho tenemos que mirarnos en el espejo y decirnos que si lo queremos sacar primero debemos admitir que fuimos nosotros los responsables de la situación. A ver si esta vez la atención de este pueblo no se distrae con la próxima ofensa. Pregúntenle a Heidy Wys.

 

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