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Se acabó el mundo. Gusto en conocerlos.

Bueno, hoy se acaba el mundo, se supone que pase en algún momento de este día. De todos modos, fue un gusto conocerlos, espero que la hayan pasado bien y si no pues, debieron aprovechar su tiempo mejor. No se sientan mal, dicen que todo lo bueno tiene que acabar… aunque para ser honesto, no estoy seguro que podemos decir que nuestra historia ha sido buena: guerras, genocidios, enfermedades, avaricia, etc. Si somos objetivos, fue un milagro que, para empezar, hayamos durado tanto.

Siendo justo, también tuvimos historias buenas: héroes, sacrificios, bondad. Claro, muchas de estas no las conocimos porque decían que esas no venden tantos periódicos ni sacaban tanto rating como las malas excepto que los protagonistas fueran famosos o por lo menos fotogénicos. ¡Qué rayos!, la realidad es que lo bueno y lo malo siempre estuvieron juntos, y la línea que los separaba solo parecía existir en esas películas, libros y series de televisión que fueron tan populares.

Ya que el mundo se acabó y probablemente nadie lea esto –a menos que además de las cucarachas, Cher y la peluca de cierto analista, también sobrevivan al Internet– aprovecho y les confieso: no me extraña que todo haya acabado. ¡Caramba! vivíamos en un mundo donde conseguir un arma casi militar era más fácil que una receta médica. Discutíamos si un plan médico debía cubrir anti-conceptivos cuando el planeta estaba sobrepoblado y era obvio que había personas que sencillamente no debían reproducirse.

Meteor Fin del mundo

También les confieso que estaba harto de vivir en un mundo donde la sociedad se indignara porque una reina de belleza no era semi-finalista en un popular concurso, mientras que los gobernantes saqueaban el dinero que tanto trabajo nos dio ganarlo. Me abrumaba ver como siempre había quien defendiera la mediocridad solo porque fuera del mismo color de sus ideas. Imagínense, vivíamos en una sociedad que no era capaz de seguir ni sus propias leyes de tránsito. Nos quejábamos de lo mala que estaba la salud mental a la misma vez que buscábamos desesperadamente un estacionamiento en los centros comerciales para gastar el dinero que no teníamos. Decíamos “la cosa esta mala” mientras hacíamos filas de varias horas para comprar donas en una cadena tiendas que habían cerrado años antes, pero que ahora regresaba triunfante.

Los Mayas la pegaron. En contra de toda lógica, porque si no vieron a los españoles venir, cómo rayos iban a saber la fecha exacta de nuestro final, más aún cuando el calendario que usaban era totalmente distinto al de nosotros. Sonaba tan ridículo e ilógico como si un homofóbico tuviera el programa más visto de un país escondido detrás de una muñeca; ¿quién creería tal cosa?

Pues mira que bien, resultó que los indios tenían razón y ahora todas las calles y ciudades estarán vacías. Una vez más, las fronteras desaparecerán, la naturaleza recuperará lo que es suyo, los museos se llenarán de animales buscando dónde dormir, los rascacielos se convertirán en gigantes pajareras y el capitolio se llenará de monos y chimpancés… bueno esto último no será un cambio mayor de la realidad que vivimos un día.

Al igual que el mundo, esta entrada se acabó, no tengo nada más que decir y me quiero ir a disfrutar el resto del Apocalipsis que muchos parecían esperar con ansias, cervezas y “sanguiches” de mezcla. Me pregunto si algún día existirá otra especie, si serán menos o más inteligentes que nosotros. Ahora que lo pienso bien, me doy cuenta que perdimos una gran oportunidad: debimos inventar un calendario falso con imágenes modernas: Micky Mouse, Darth Vader, Maripily, la peluca del analista y gatos… muchos gatos. Al final de ese calendario decir que el mundo se acabará en 4,000 años, y así que los “timelines” de las futuras redes sociales se vieran forrados con chistes repetidos y memes mal hechos.

Ya es tarde. Espero que si hay algún sobreviviente se le ocurra.