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Reality Shock

La realidad es cosa curiosa, porque es incuestionable.

Kobbo Santarrosa renunció a WAPA. A millones de dólares. A una exposición mediática sin igual. A vivir con la presencia de un boicot que apenas duró poco más de un mes, pero que le costó decenas de anunciantes a su programa líder de audiencia. Kobbo renunció al protagonismo que se había ganado a fuerza de controversias. Mayormente ajenas, aunque también muchas personales.  Lo importante es que ya no está.

 

Boicot a la Comay — Kobbo Santarrosa

Cada persona puede y debe tener un argumento que sustente su forma de pensar al respecto. Por un lado los que piensan que el pueblo usó el consumismo como arma para expresar una preocupación legítima y plantearse un objetivo común, están seguros de que lo que sucedió fue que su reclamo fue lo suficientemente significativo como para lograr que marcas internacionales los consideraran más importantes que un espacio en prime time. Por otro lado quienes se opusieron al boicot a La Comay piensan que fue una afrenta contra el derecho a la libertad de expresión (aunque fue el Sr. Santarrosa quien renunció y a uno solo de los múltiples foros que tiene una persona para expresarse), y que La Comay no le hace daño a nadie, o que cuando menos hace el mismo daño que otros a los que no se boicotea. Ambas opiniones son respetables y válidas. No tengo problemas con alguien argumentando que piensa que sacar a Kobbo es hipócrita porque aun quedan más por ahí que hacen cosas similares. Todo eso es válido, nunca todo un pueblo está de acuerdo en algo.

Ahora, lo que no es válido es que para justificar un apoyo al Sr. Kobbo Santarrosa del que nadie parece sentirse orgulloso, se usen dos puntos que parten de bases alejadas dramáticamente de la realidad. Dos puntos que aun siendo incorrectos, los dejan cómodos dentro de su apoyo, ahora supuestamente tácito. “No lo apoyo pero estoy en desacuerdo”. Quítale pero ponle.

Boicot a la Comay — Kobbo Santarros

 

“No es que lo apoyo, es que:

• La Comay hacía lo que los medios dejaron de hacer y tenía una función periodística
• Fue un movimiento a puertas cerradas, de (depende de la fuente) políticos/publicistas/el movimiento lgbtt/un par de agitadores en las redes sociales/El Nuevo Día….”

La primera, la entiendo. Es la manera más fácil de no sentirse tan mal por defender a alguien que una vez hizo una lista de personas que “tenían que salir del clóset”. “No lo apoyo, hacía cosas malas, pero resolvió muchos casos”; o “los mantuvo vivos”; o “los hizo relevantes”. Pero pregunto yo, ¿cuáles casos? ¿de qué relevancia hablan? Hasta ahora solo he escuchado sobre dos casos específicos que se usan para justificar el apoyo a La Comay, Lorencito y Casellas, casos que curiosamente no han sido resueltos aún. Además casos sobre los cuales se ha informado excesivamente en todos los medios tradicionales (y las redes sociales y los nuevos medios), y cuya única relevancia relacionada con el programa en cuestión era un morboso seguimiento acentuado con un tétrico altar. ¿Se imaginan a Woodward y Bernstein con un altar dedicado a Nixon mientras lo investigaban? ¿O a Manny Suárez cobrando dinero por integrar un producto comercial justo al lado de una de sus notas sobre el caso Maravilla en su medio? Yo no.

 

Boicot a la Comay — Kobbo Santarrosa

 

Pero bueno. Si ellos dicen que es periodismo, solo ellos se lo creerán, porque no es cierto. Era/es un comentarista. Un chismoso (su nombre original era la Condesa del BOCHINCHE, no de la justicia social o el derecho a la información). Un personaje que se dedicaba a hablar, a comentar, a inventar y sí, a investigar, sobre noticias lo suficientemente escandalosas como para hacerlas económicamente viables. Simple.

“Ah pero Kobbo Santarrosa investigaba”. Sí, y todos ustedes saben escribir, pero eso no los hace escritores. ¿Verdad?

Adicionalmente y para cerrar este primer punto, es como menos peculiar que quienes hoy convocan la muerte del periodismo (o de los periodistas) y enarbolan al Sr. Santarrosa como su salvador (el del periodismo), parecen encontrarse en una dimensión diferente a la de los tiempos en que vivimos. Los medios tradicionales llevan fallando en sus funciones hace muchos años, pero no es únicamente por incompetencia de los periodistas, o mucho menos porque La Comay haya ocupado su lugar, cosa que no hizo. Los medios tradicionales están en crisis porque existen, por ejemplo, las redes sociales. Porque existe el Internet. Porque existen medios ultra especializados en temas particulares —como este en el que están leyendo esto, QiiBO.com— que hacen de los medios tradicionales información demasiado genérica. Porque de lo que me va a decir un periódico mañana en la mañana, yo me enteré hoy. Porque las noticias ya rompen solas. Porque el mismo ciudadano tiene acceso a las fuentes originales de la noticia. A los documentos históricos y públicos. Por mil cosas pero ni es por La Comay, ni ha sido La Comay quien ha salvado o salvará el periodismo. Eso es un disparate y si alguien quiere utilizar ese argumento para justificar el hecho de que apoya la existencia de programas de este tipo, que es una posición válida, pues que lo diga, que lo reconozca, y que no busque dorar su propia píldora creando una noción absurda de lo que es el periodismo, so pena de no sentirse mal apoyándolo. ¿Estás con Kobbo? ¿No estás de acuerdo con que se boicotee su show? Uvita. Pero no inventemos.

Boicot a la Comay — Kobbo Santarrosa

 

Entonces sobre el segundo punto. Cuán atrevido hay que ser, para decir que “un grup(it)o” de personas intolerantes sacaron al Sr. Santarrosa solo porque les caía mal, y como ellos mandan en el mundo, pues lo hicieron. Qué atrevidos y qué ilusos. Raptan para si mismos el concepto de “pueblo”, el cual parece solo ser válido si es representado por una unión sindical. O por el corazón del rollo de un partido político. O por quienes hacen la fila para recibir regalos de reyes y donas. Pues no, amigos míos. El pueblo somos 4 millones de puertorriqueños. Unos que viven en San Juan. Otros en Ponce y algunos pocos en Cataño. Y ese pueblo pluralísimo se expresa de diversas maneras y, como la vida misma, evoluciona y cambia día a día. Cambia en sus costumbres y en la manera de conseguir las cosas.

Es que, ¿quiénes son estos misteriosos seres con poderes casi omnímodos que logran, simplemente subiendo cositas en Facebook, intimidar y efectivamente eliminar al peje más gordo de todos los pejes en este país? ¿Quiénes son ellos que importan tanto que lograron que un Walmart todopoderoso les diera más importancia que a la “verdadera mayoría” (que es, supuestamente, la que apoya a La Comay)? Esto último amparado y dando credibilidad absoluta a un sistema de “ratings” que contiene una representación mucho menor del pueblo que las redes sociales. Son discursos que parecen de otros tiempos. Las redes sociales son el mundo. Las redes sociales son Puerto Rico. Hay que despertar, amigos míos.

Pero sucede que señalar culpables misteriosos y todopoderosos es más fácil. Fácil aunque absurdo. ¿Fueron los publicistas? Ajá, pero es que no hay tal cosa. Hay decenas de profesiones y profesionales que componen la industria publicitaria, heterogénea y contradictoria entre sí. Como Puerto Rico. José Enrique, por ejemplo, era vendedor, no “publicista”. ¿Fue la comunidad gay?, Aunque muy activa, esa colectividad se puede contar con la mano los logros que han conseguido en este conservador país. Si tuviesen tanto poder, ya el Sr. Kobbo Santarrosa hubiese desaparecido de la TV hace años. ¿Que fueron los Ferré? Las teorías de conspiración son cosa mala. Un gran número de las empresas que retiraron sus anuncios lo hicieron por órdenes que provinieron de fuera de Puerto Rico, desde las mismas matrices de las empresas quienes entendieron la crisis en la que se encontraban. Esto es algo que me consta.

 

Boicot a la Comay — Kobbo Santarrosa

 

Esto lo empezaron, continuaron y concluyeron miles de individuos de distintos trasfondos y la gran mayoría sin relaciones entre ellos. No lo digo yo, las sobre 75 mil personas que componen el grupo de Facebook son tan amalgamados como este país. Entre y eche un vistazo si no me cree. La realidad es que esto fue un ejercicio de empoderamiento del pueblo en tiempos en que, para bien o para mal, hemos descubierto que el consumismo se ha tornado en un arma social efectiva. Si vivimos en un país sin industria y en el que es el consumo la punta de lanza económica y social, pues entonces que se use a favor del pueblo. Que quienes buscan nuestro consumo para enriquecerse entiendan que vivimos tiempos complicados, violentos, y que sus marcas compiten con cientos de otras similares. Que en el 2013 las empresas no quieren, necesitan caer bien, quedar bien y perder esa estigma de “engañabobos” que han tenido históricamente. Pero no quedar bien con dos o tres, sino con la mayoría. El que no quiera reconocer esto y quiera pensar que empresas multinacionales sucumbieron ante la presión de 100 o 200 personas que tuitean mucho, que lo haga. Sepa que cuando guste, lo esperamos acá en el mundo real.

Finalmente, quien aun se gane la vida inyectando sus prejuicios a miles de puertorriqueños con un manto de impunidad, que sepa que la gente ya no se sienta a ver televisión porque no hay más nada que hacer. Que ahora es ese mismo individuo, otrora impotente, quien decide lo que es relevante y lo que no, por lo que su contenido no puede ser impuesto a base de unos ratings engañosos. Que sepan que si el líder de los que viven de las penas ajenas sucumbió ante la indignación del pueblo, a cualquier otro le puede pasar. Pero oigan, media pundits que leen esto y que hoy se encuentran muy dolidos con lo sucedido, no hay por qué temer. Sabemos que ustedes realmente no apoyan a La Comay ni a sus estilos, ustedes lo que no apoyan la censura y la intolerancia, así que no deben temer que los boicoteen a ustedes. Porque ustedes son distintos a ella. ¿O no?

“Dime que es lo que te asusta y yo te diré qué es lo que hiciste mal.”
Anónimo

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