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Muerte de pena.

Comenzaré poniendo de manifiesto que no soy boricua, que estoy en contra de la pena de muerte, y que cualquier reclusión por encima de los 20 años me parece una aberración barbárica propia de simios irracionales. Debo decir, defiendo la teoría de que las cárceles han de ser un medio para rehabilitar y re-insertar, a la vez que se reprueban conductas antisociales, y que, si no hay rehabilitación posible, pierden su propósito original. Por lo tanto mi posición en cuanto a la pena de muerte es clara. Me dirán muchos “eso será porque no han matado a tu hijo”. Y yo responderé que si hubiera sido así mi postura sería exactamente la que he dicho arriba. Una postura papal. Dicho esto, no vaya algún desequilibrado ahora a intentar matar a un familiar mío, para demostrar que tendría una reacción contraria.

Caso la Tómbola — Alexis Candelario Santana acusado a la Pena de Muerte

Puerto Rico es un país pequeño, que se diferencia poco de las barriadas de una gran ciudad, en las que el chisme local tiene repercusión global y el daño global, protección local. Y el titular de esta semana ha sido el de un tal Alexis, un tipo casi tan malo como el del Barça. Y digo “casi”, porque este elemento tiene la puntería mucho más afinada.

Este individuo, culpable del asesinato de al menos 8 personas, ha sido el protagonista de la actualidad de la Isla y el artifice de una nueva confrontación no sólo entre sectores conservadores y pseudo-progresistas, sino también entre la plebe misma: la pena de muerte. Quitar la vida es algo tan serio que no se puede ni siquiera discutir en una sociedad podrida y dividida que no está, a día de hoy, a la altura intelectual de semejantes debates, y menos dejar la decisión en manos de doce iletrados elegidos al azar.

A Alexis se le ha perdonado la vida, para regocijo de algunos y pena de muchos (según las encuestas, que una vez más reflejan que la ley no la ampara la mayoría del pueblo), pero en Puerto Rico la pena de muerte está establecida de facto. Es un castigo patrocinado por el Gobierno, que además se aplica de manera sumaria y que se refleja en más de 1,000 asesinatos el año pasado, fruto de la desidia gubernamental en sectores como el empleo, la educación y la seguridad. De esta, de la pasada, y de la anterior administración.

Díganme, ¿cuál es la diferencia entre la pena de muerte judicial, sentenciada por un juez pero dictaminada por un jurado popular, que posiblemente sea gente prejuiciada y sin ningún conocimiento jurídico, o que un tecato te pegue un tiro en la calle? Si no lo saben, yo se lo digo: la segunda forma de morir te evita la tortura previa y el escarnio doloso durante el proceso ejecutorio de la sentencia.

Y luego Alejandro… él está en contra y ya, nada más, una absoluta nulidad de hombre. Y Pierluisi dice que la cadena perpetua “cumple su función de proteger a la sociedad”. Y Obama… el del cierre de Guantanamo, el presidente de la administración que mantiene a un soldado desnudo en su celda durante 9 meses por filtrar los papeles de wikileaks. Lo que protegería a la sociedad es que os exiliarais a una isla compartida con los que ponen la biblia en el corazón para defender sus posturas antiabortistas, pero también la usan como único soporte de las piernas de un condenado a la horca; o a los “patriotas”, que estan de acuerdo con el militarismo y la posesión de armas, pero en contra de la pena capital. Hipócritas sin valores ni juicio.

En cuanto a Alexis Candelario Santan, un pobre imbécil que celebraba con los puños en alto que su vida se había salvado al escuchar el veredicto de los 12 apóstoles, posiblemente entienda que hay poca diferencia entre una pena de muerte y una muerte de pena entre rejas.

 

[highlight color='#ca6c38' text-color='#ffffff'] Foto [/highlight] [highlight color='#aaa' text-color='#ffffff !important'] Rico Torres [/highlight]
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