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¿Por qué tanta ignorancia y resistencia al cambio?

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La sociedad ha perdido su voluntad a enseñar.  El país grita reclamos para mejorar el sistema de educación pública, pero sin darse cuenta ha dejado tirado su rol social para instruir.  Se ha confundido la esencia de lo que significa educar, se ha limitado a encuadrarla dentro de un salón, a dejarla en manos del maestro, a responsabilizar a un ente gubernamental. ¿Quién es el verdadero culpable? La sociedad individualista y extremadamente capitalista.

Las redes sociales y el ciberespacio en general han destapado una realidad sorprendente: mucha gente no sabe que existe mundo fuera de su burbuja de comodidad o simplemente no le importa. Al igual que el desarrollo tecnológico ha traído la globalización, asimismo el empuje capitalista ha desbordado la enseñanza “única” o lineal, abandonado la perspectiva de educación universal. Hay especialistas en un tema y lo demás que conozcan les llegará por interés particular. El mecánico sabe de mecánica y el científico de ciencia. Hasta las carreras que podían surgir derivadas de otras profesiones acortan su rango de multiplicidad de saberes. Por ejemplo, los abogados podían formarse en cualquier área y luego hacer un juris doctor, ahora pueden tomar grados “preparatorios”, así se ahorran la pejiguera de optar por una instrucción más amplia. También los periodistas y los maestros van a sus escuelas determinadas, donde el que no es responsable se informa sólo de lo que cree conveniente.

Ahora el propio gobierno cuenta con centros docentes express donde los estudiantes de escuela superior pueden acelerar el “suplicio” de tener que formarse académicamente. Allí cursan todo un año escolar en pocas semanas y, siempre y cuando pasen unas pruebas (para las cuales los preparan), pueden obtener el título de cuarto año. Salen, entonces, si así lo desean, a matricularse en centros de educación técnica que prometen una enseñanza rápida, específica y práctica por la que les cobran un ojo de la cara. Mas esta educación licuada y fácil de digerir acepta las becas del estado (algo parecido a cuando se intentó implantar el uso del PAN en los fast-foods), claro, tontos no son.

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¡Ojo al pillo! Que quede claro que no todo el mundo tiene ganas de doctorarse. Eso sí, todos deben tener posibilidades de aprender lo que les plazca. Sin embargo, estos centros técnicos deberían tener mayor supervisión, pues varios están exclusivamente para lucrarse. Algunos de estos centros ofrecen enseñanzas pobres, mediocres e insuficientes, mientras se embolsan grandes cantidades de dinero vendiendo falsas promesas a sus pupilos. Muchos endulzan orejas con ofertas engatusadoras de ayudas para conseguir empleo, lo que resulta como un bálsamo en tiempos de crisis. Sin duda las ansias de ampliar el currículum y apostar por un trabajo enamoran hasta al más incrédulo.

El cantazo viene cuando salen al mercado laboral y descubren que el papel/diploma que obtuvieron a un alto precio no vale para tanto. Además, cuando reclaman la ayuda que se les ofreció para conseguir empleo, la entidad educadora suele manejar una vasta cantidad de excusas para deshacerse de sus ofertas iniciales. También, es al final del curso que se enteran que para ejercer la profesión “estudiada” deben obtener una licencia. Entonces, es en el momento cuando están frente al examen de licenciatura que muchos descubren que sus clases veloces no dieron fruto. Luego, el centro técnico se lava las manos echándole la culpa al estudiante y a su capacidad cognitiva.

Aparte de los cursos rápidos, también existe un dilema similar con educaciones superiores. Leer las biografías de los grandes próceres de la historia de la humanidad e incluso la de los locales, sirve para visualizar lo coartada que está la formación académica universitaria. Estos hombres y mujeres ilustres en su tiempo se identificaban como poetas, políticos, periodistas, médicos, abogados, escritores, historiadores, bueno eran todo en uno. Ahora se le da mayor crédito al que es especialista en la especialidad especial de su especialidad. No importan tanto los aspectos generales, sino los detalles. Por lo cual, muchas veces se pierde la perspectiva de la imagen completa. Viendo un solo pixel no se entiende de qué trata el relato visual. Tal vez por esa carencia de “conocimiento general” es que se pueden ver  “académicos”,  licenciados o doctores disparando bestialidades estampadas con el sello de su formación restringida a su universo personal.

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Mas la culpa es de la sociedad. La comercialización de la educación ha arrastrado al pueblo a olvidar su deber de educar para continuar las tradiciones y formas colectivas que hacen a su sociedad particular. Asimismo el deber general de instruir a su gente en la cultura humana para evitar el rezago nacional a nivel global. Hace siglos que a la isla se le impuso el sistema de civilización al que pertenece hoy. Sería absurdo retomar las posturas indígenas de aislamiento universal.

Casi nadie está dispuesto a enseñar lo que sabe gratuitamente. Varios alardean sus conocimientos y se autodenominan expertos y sólo comparten su formación cuando obtienen algo a cambio. Inclusive, muchos de los que acuden a la prensa a “ilustrar” lo hacen por el beneficio de mercadearse y promocionarse. Ya bien se dice que el mejor no es quien está bien preparado, sino el que mejor muestra/vende su alegado conocimiento. Aún peor es el periodista que no sabe diferenciar el grano de la paja y utiliza fuentes blandengues sólo porque ya estos figuran como voces reconocidas en los medios.  Usualmente todo es percepción.

Algunos argumentan que la gente no quiere aprender. A veces parece ser cierto, pues tanta información disponible en internet y los humanos se pasan el día viendo vídeos de gatos. Sin embargo, se ha escapado hasta la habilidad de educar indirectamente. Los medios de comunicación han sido incapaces de enseñar y los conocedores de a pie no se han interesado en distribuir su saber.

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Eso sí, se tiene que reconocer la labor que ha tenido la iglesia cristiana en la comunidad isleña. Ésta no ha cesado de educar a sus seguidores. La iglesia ha tenido la pericia para impartir sus creencias, ha sabido usar sus herramientas para amaestrar multitudes y ha logrado calar en la sociedad. Tanto así que ostentan salir de sus murallas religiosas y retomar poderes políticos basados en su fe. Su educación constante e irrefutable (según los creyentes) se ve reflejada cuando una persona sin conocimiento alguno de ortografía escribe de forma imperiosa en sus redes sociales fragmentos de lo que pudo ser en algún momento un sermón eclesiástico. O cuando sin mayores argumentos que la interpretación bíblica defiende su punto de vista.

El Departamento de Educación ha fallado con sus currículums anodinos y sus métodos laxos de enseñanza. Las universidades han fracasado en la educación superior regalando titulaciones con tal de obtener ganancias. Los individuos han destruido sus aptitudes de aprendizaje por mera vagancia. La sociedad ha sido la gran culpable porque lo ha permitido.

No quiero tantos expertos, prefiero gente más educada.

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