Columna: País adolesce[nte] | QiiBO

Columna: País adolesce[nte]

Puerto Rico un país adolescente

adolecer.
(Del ant. dolecer).

tr. ant. Causar dolencia o enfermedad. 1.

intr. Caer enfermo o padecer alguna enfermedad habitual. 2.

intr. Tener o padecer algún defecto. Adolecer DE claustrofobia. 3.

prnl. compadecerse (‖ sentir lástima). 4.

Diccionario de la lengua española

 

“Somos un país niño. Necesitamos un papá.

Necesitamos a alguien que nos diga cómo se tienen que hacer las cosas.”

| Escrito por: Rivetteher y Xavier Montalvo.

Desde el año 2006 llevamos pasando por unas crisis económica y social. Esta ha ido profundizándose y creo que todavía pensamos que es el cuento del lobo. Creo que hay un hecho que hace que no asumamos la crisis del país como parte de la vida cotidiana. Pasa que los que hemos estado en la rueda de abajo siempre hemos tenido que buscárnosla para subsistir y los de la rueda de arriba permanecen allí. No digo que los individuos y las familias no sintamos cómo se agudiza la crisis, sino que se percibe como ajustes para la supervivencia, la de todos los días. Los que saben sobre bonos, crédito, etc. hacen sus ajustes y sus movimientos dentro de ese mundo volátil y abstracto que el resto de los mortales no entendemos. Este panorama se agudiza en medio de un país que ha vivido del cuento: la ventana a la democracia, decían. Con la bendición del Tío Sam, decían. La Perla del Caribe, decían. Lo mejor de dos mundos, decían. En fin, que mientras se pudieron hacer ajustes se vivían bajo la ley del exceso, del “privilegio”, hasta llegó la desfachatez de nombrar con el eufemismo de “extraconstitucional” a endeudarse de forma inconstitucional.

Ya hoy el lobo está ahí de frente, hambriento por la senda mientras caminamos distraídos como la caperucita. Esperando que alguien nos venga a salvar, que alguien se encargue porque las responsabilidades siempre son de otros. Nos enfrentamos a una crisis con una actitud que duele, una actitud de todos contra todos, una actitud que perpetúa el hundimiento colectivo. Una actitud en que si no eres del color de mi partido eres mi enemigo aunque todos estemos en este avión (según el lenguaje del gobernador) que se llama Puerto Rico. Queremos una calidad de vida suiza, sin mover un solo dedo por el bien colectivo. Vivimos una perreta de adolescente que se cree que se lo merece todo en una casa donde no hay casi para comer, pero quiere un PS4. Las prioridades andan trastocadas.

Lo vemos más claro ahora que se acerca la fecha de radicar candidaturas para las próximas elecciones. Comienza el discurso clichoso “estoy aspirando porque el pueblo me lo pide”. Los vela güiras solo esperan su momento de saqueo. Porque díganme señores, ¿cuál es la ansiedad que demuestran algunos políticos cuando se prevé un cierre de gobierno tan cerca como en este noviembre/diciembre?

Llevamos semanas especulando sobre candidatos y candidaturas. Ya el secretario de Estado, David Bernier, anunció su renuncia al Departamento de Estado y dijo que estaría considerando un puesto electivo, pero sin retar a su amigo, el señor gobernador Alejandro García Padilla. Llevamos días que impera la especulación sobre si el gobernador anunciará que no irá a la reelección. Mientras, las encuestas lideran la opinión pública (y privada) sobre candidaturas viables y no viables. El panorama político se vuelve interesante para los que consumimos política, pero altamente triste para el país. Interesante para los political junkies porque vemos cómo se configura el poder de un lado y del otro y se delinean estrategias. Pero triste para el país porque es quien sufre las consecuencias de estas decisiones. Todos halando para su lado mientras el adolesce anda en busca del héroe del momento que lo salve de la crisis.

Pero cómo se le pide a este país que mire con seriedad la gravedad del asunto cuando sus adultos líderes no han asumido ni un grado de responsabilidad. Todos y cada uno de los que gobernó, cada uno de los que pasaron legislación a favor de unos pocos y de endeudarnos mucho más no han sido lo suficientemente maduros como para levantar la mano y decir un mea culpa.

A este debate se le unió el exgobernador Aníbal Acevedo Vilá quien escribió una “carta abierta a los populares” quien hace unos planteamientos interesantes para los que estamos fuera de la estructura partidista, pero que le dice a sus correligionarios con quién no está para que sus seguidores se inclinen por los candidatos que él apoya. El juego político dentro del partido popular democrático (PPD) busca expulsar de la carrera al señor gobernador. La situación del gobernador es una súper difícil, ya que no le tocó gobernar en tiempos de bonanza, sino en escasez. Los miembros de su partido que lo eligieron hoy lo descartan. Aquellos que tuvieron la oportunidad/privilegio de gobernar anda dando sus fórmulas mágicas. ¿Por qué la magia no les funcionó cuando estuvieron al frente del poder?

Puerto Rico
Foto: AP/Ricardo Arduengo

Este panorama se complica con una oposición que dista mucho de enfrentar estos tiempos con la madurez que esta crisis amerita. Pareciera que la mirada azul y sudorosa tuviera algún poder mágico que nos sacará del hoyo. Esa incontrolable ansiedad con la que cuentan los días que faltan para las próximas desde que empezó el cuatrienio, deja entrever que solo hay interés en el poder por el poder mismo y no con ninguna intención de dejar un legado digno que consolide esfuerzos por el bien de todos.

El juego de candidatos se pone más interesante cuando comienzan a aparecer candidatos independientes como Alexandra Lúgaro y Manuel Cidre, sin embargo, nuestra vista está tan empañada por el color que —quizá— nuestros ancestros nos impusieron que no podemos ver con claridad. No bien han terminado de dar sus primeras declaraciones cuando ya estamos haciendo los memes en traje de baño o algún otro con poco más de creatividad. No obstante, para proponer algo realmente distinto, no falta con solo decir que se es independiente.

Queremos un cambio real pero haciendo lo mismo y con las mismas personas.

Ante estos eventos no se puede pedir a un país que madure cuando los primeros adolescentes son quienes lo dirigen y aspiran a dirigirlo.

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