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Crítica de GLOW en Netflix | QiiBO
GLOW Netflix

Crítica de GLOW en Netflix

La lucha libre es un extraño fenómeno. A pesar de estar profundamente aresignada en la cultura popular, ha sido históricamente desechada como “entretenimiento chatarra”, digno de mentes pequeñas con demasiado tiempo en sus manos. Al menos así era hasta los 80’s, justo antes que la WWE y su Hulkamania revolucionara la industria y, de cierta manera, la forma en que consumimos entretenimiento.

Una de tantas crónicas de esa Era fue G.L.O.W., siglas en inglés para “Las Hermosas Mujeres de la Lucha Libre”, una liga de féminas repleta de spandex, acción, brillo y mucha actitud. La nueva serie original de Netflix, GLOW, es ligeramente (bien ligera) basada en ese grupo de rebeldes frente y detrás de la cámara, que grabaron su propio espacio en esa demente época.

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Aunque fue creada por Liz Flahive y Carly Mensch, GLOW es producida por Jenji Kohan, creadora de WEEDS y Orange is the New Black, y su influencia se siente de principio a fin, lo cual es positivo al momento de conocer los personajes, no tanto cuando se trata de profundizar en algunos temas.

GLOW presenta un elenco compuesto con énfasis en dos personajes semi-principales; “Ruth Wilder” (Alison Brie) y “Sam Sylvia” (Marc Meron), dos personas que comparten características en sus respectivos lados de la peculiar situación en que se conocen.

“Ruth” es una actriz desempleada creyendo ser mejor de lo que realmente es. No estoy siendo cruel, es algo que la serie quiere que sepamos desde el principio en una escena particularmente humillante del piloto. “Sam” comparte la misma deficiencia pero, como director.

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Con $83 en el banco, a punto de quedarse sin techo, “Ruth” asiste a una audición buscando mujeres “no-convencionales”. Ahí es donde, tanto ella como nosotros, conocemos un improbable grupo de figuras que rondan desde una estudiante universitaria hasta una mujer que se considera loba. No mujer-loba… una loba.

Por su parte, “Sam” es un director de poca monta al final de una fracasada carrera repleta de absurdos filmes “B”, de los cuales continua orgulloso pues “Sam” entiende que es un artista incomprendido por el mundo. Solo un tipo como Marc Meron logra que la audiencia simpatice con este patán, que divide su tiempo entre meterle más cocaína a su nariz que un avión de Escobar, y despepitar imprudencias contra todo lo que se le pare al frente.

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Con 10 episodios de media hora (excepto el piloto de una hora y algunos capítulos rondando los 40 minutos), que se mueven a paso veloz, GLOW se consume rápido y fácil. Lo negativo de ello es que no da suficiente tiempo para conocer profundamente a todas las luchadoras/actrices pero, eso se resolverá con subsiguientes temporadas (cruzando los dedos porque últimamente Netflix anda con un machete en las manos).

Tengo la impresión que la primera lección que Liz Flahive y Carly Mensch aprendieron de Jenji es mantener el foco de atención en los personajes titulares, evitando distraerse con sub tramas que no componen nada (no hay equivalente al “Larry se las pega a Piper” de las primeras temporadas en OITNB). Eso ayuda a que toda nuestra atención se mantenga en preocuparnos si la liga se logrará formar o no.

Disfruté de la temporada completa aunque, del quinto episodio en adelante coge mejor el piso cuando cada luchadora comienza a crear sus propios personajes, especialmente “Ruth” quien se debate entre “gimmicks”, hasta que encuentra el perfecto para ella.

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Brie hace tan buen trabajo como uno esperaría, a pesar de que el guion parece hacer todo lo posible para que “Ruth” nos caiga mal, al presentarla como una perdedora que se acuesta con el esposo de “Debbie Eagan”, la única amiga que le da la mano en el mundo. GLOW eventualmente le da la oportunidad de entrar en el camino de la redención, al 1) recordarnos que el tipo es igual o peor traidor que ella, y 2) Hacer que “Debbie”, una ex actriz de telenovelas que renunció para convertirse en ama de casa, también entre a la liga, lo que le permite lidiar con sus propias decisiones de vida y, así provocar drama y conflicto entre ellas.

Otros personajes comparten de vez en cuando el protagonismo, como “Cherry” (Sydelle Noel), una veterana de la industria que quiere brincar de atrás hacia el frente de la cámara, y “Carmen Wade” (Britney Young), una simpática joven deseando representar el legado de su familia en la lucha libre.

Fanáticos de la lucha libre disfrutarán de participaciones especiales de luchadores genuinos como John Morrison, Christopher Daniels, Brodus Clay, y nuestro Carlito “Caribbean Cool” Colón entre otros. Sin embargo, no entres a ver esta serie esperando aprender la historia real de G.L.O.W. Para eso mejor ve el documental del 2012 (también disponible en Netflix) o busca en Wikipedia.

Foto por Netflix

Al igual que The Wrestler, GLOW no es tanto sobre lucha libre como sobre identidad. El quien soy, cual es mi propósito en un mundo donde soy visto como segunda clase.

A sobre 30 años de su debut, todavía se debate si G.L.O.W. empoderaba o explotaba las mujeres que participaron durante sus cuatro temporadas. La serie toca el tema superficialmente pero, sospecho que prefirieron dejarlo para exploración futura, prefiriendo concentrarse en que primero conozcamos la mayor parte del elenco posible.

Aun así, es una de mis programas novatos favoritos del año; jamás diría que es lo mejor que hay en Netflix pero, ciertamente de lo más divertido. Denle una oportunidad.

Foto por Netflix

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