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Crítica de American Son: La guerra interminable | QiiBO

Crítica de American Son: La guerra interminable

Soy un hombre privilegiado. No es que mi vida sea o haya sido fácil, o que no tenga que luchar por lo mío pero, nunca he tenido problemas graves. Casi todas las contadas veces que he interactuado con la policía he tenido buenos resultados. Si un oficial de tráfico me detiene no siento miedo, más bien frustración. Eso es privilegio.

En Estados Unidos es otra historia. En realidad son miles, incontables, historias. El debate de nunca acabar en el conflicto de razas, clases y género.

En lo que llaman “un evento televisivo”, Netflix estrena American Son, una adaptación de la aclamada obra de Christopher Demos-Brown, sobre un matrimonio mixto esperando noticias de su ausente hijo. Kerry Washington, Jeremy Jordan, Steven Pasquale, y Eugene Lee reinterpretan los mismos roles que tuvieron en las tablas, junto a Kenny Leon, también director de la presentación teatral.

En sus mejores momentos, American Son es una desgarradora crónica sobre el matrimonio, la paternidad, ser hombre o mujer, negro o blanco, civil o policía, en la sociedad estadounidense. En los peores, es una pesada predica social, intentando meter demasiado en poco tiempo, con diálogos diseñados para un medio completamente distinto a la televisión. Por eso el teatro sigue siendo un arte superior, porque las emociones impactan más cuando tenemos los actores frente a nosotros en un escenario.

Ocurriendo en una estación policiaca de Miami a las 3:00 de la madrugada, Kendra (Washington) exige noticias de su desaparecido hijo Jamal. El oficial de turno, Larkin (Jordan), es un novato más preocupado con cumplir las exigencias burocráticas de su puesto que ayudar la desesperada madre. Pero hay algo más. Larkin quizás no lo pueda ver pero para Kendra está tan claro como el color de su uniforme. Las preguntas de Larkin son sospechosas, ofensivas, casi agresivas.

Cuando llega Scott (Pasquale), esposo separado de Kendra y padre de Jamal, la actitud de Larkin cambia drásticamente. Repentinamente encuentra las respuestas a las mismas preguntas que evitó contestarle a Kendra. Ambos son hombres blancos. Ambos son agentes de la ley.

Quizás es casualidad. Quizás Larkin encontró las respuestas que Kendra pedía justo antes que Scott llegara. Ella no lo ve así. Entre escena y escena, con Larkin entrando y saliendo, Scott y Kendra comienzan una batalla de voluntades, ambos defendiendo su posición. Scott quiere que Jamal vaya a West Point para convertirse en oficial del ejército. Kendra prefiere darle la libertad de explorar otros intereses.

A medida que la información fluye, los ataques, recriminaciones y frustraciones contra cada cual aumentan de intensidad. Todavía hay amor pero, la relación está rota. Las divisiones son demasiado fuertes, especialmente al momento de ver la vida desde la perspectiva de cada cual.

Washington es una fuerza de la naturaleza como Kendra; fuerte, vulnerable, rabiosa y derrotada, a veces en la misma conversación. El resto del elenco se mantiene a su altura pero no hay duda quien es el motor.

American Son se me hace difícil de recomendar. No porque no me haya gustado, sino porque se trata de una obra de teatro en televisión, sin la intimidad que otorga verla en ese ambiente. Durante una función se forma una relación entre el público y los actores, ayudado por el trabajo de los técnicos (luces, escenografía, etc), que no ocurre cuando se ve a través de una pantalla. Así que mejor les digo, “inténtenlo”.

American Son estrena en Netflix el 1 de noviembre del 2019

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