Crítica de Bohemian Rhapsody con Rami Malek

Last updated:

Uno de mis comienzos favoritos de cualquier película ocurre en Walk Hard: The Dewey Cox Story, con John C. Riley como un Dewey anciano a punto de dar un concierto cuando su manejador (Tim Meadows) le advierte a un joven que no lo interrumpa porque “Dewey necesita reflexionar su vida entera por cinco minutos antes de comenzar”.

Es una genial sátira del género biográfico, dando por el hígado a los clichés de presentar traumas de niñez que acompañan el artista por siempre, amores intensos y amistades de hierro afectándose cuando la fama llega, mientras nos presentan el protagonista destruyendo su propia carrera a través de drogas, alcohol, fiestas desenfrenadas, hasta que un día alcanza la “revelación” de sus errores, le piden perdón a todos, y regresan a sus raíces para dar una gran presentación. Es una formula tan gastada que le tienen un nombre: “Paint by the numbers” (pintado numero por numero).

Para mi sorpresa, once años después, Bohemian Rhapsody hace exactamente lo mismo. Se le puede perdonar al “remake” de A Star is Born, pues posiblemente inventaron los planos en el cine en su versión original allá por los años 30 pero, que esta también los use es menos comprensible.

Si quieres aprender la historia real de la banda Queen, esta no es la película para ti pero, si la quieres pasar bien de principio a fin con una de las más destacadas actuaciones y banda sonora (obviamente) del 2018, Bohemian Rhapsody tiene 2 horas y 14 minutos para hacerte gozar.

Dirigida por Bryan Singer (aunque Dexter Fletcher la tuvo que terminar por el primero ser despedido), Bohemian Rhapsody está libremente inspirada en la historia del gran Freddie Mercury (Rami Malek), uno de los mejores vocalistas que han existido, junto a Brian May (Gwilym Lee), Roger Taylor (Ben Hardy) y John Deacon (Joeph Mazzello), desde sus comienzos en barras de mala muerte para estudiantes, hasta su presentación el Live Aid, el masivo concierto del 1985.

Durante el viaje, vemos el proceso creativo de la banda componiendo sus icónicas canciones, incluyendo el himno universal de todo karaoke que se respete: Bohemian Rhapsody. También los vemos peleando con sus detractores, mientras Freddie lidia con el precio de la fama, su sexualidad, y las malas influencias dentro de su equipo de trabajo.

Bohemian Rhapsody es una buena película, bien hecha… que fracasa en rendirle tributo a Mercury. Más bien, lo castiga. Verán, la razón principal que tardó tanto en hacerse, es que los miembros sobrevivientes de la banda exigieron control creativo, por lo que solo se pudo hacer hasta que hubo un guion que aceptaran, y en momentos sentí que lo hicieron con la intención que la audiencia supiera que Queen tenía otros miembros que contribuyeron al legado tanto o más que Mercury.

Peor aún, el filme sugiere que Freddie merecía su trágico final, muriendo de complicaciones relacionadas al SIDA. Estoy bastante seguro que, de seguir vivo, Mercury no hubiera aceptado esta iteración de su historia. Un ejemplo de ello es que, según la película, Freddie aceptó hacer Live Aid luego de enterarse de ser paciente de SIDA. En vida real, Mercury fue diagnosticado en 1987, dos años después.

No es que fuera un santo pero, tampoco es la única estrella que se tiró de pecho a la vida de “sexo, drogas y rock ‘n’ Roll”, por lo que haberse contagiado de esa enfermedad fue más producto de la época que otra cosa. Enfermedad que para nada dispone la calidad de ser humano de los que la padecen o murieron de ella. El que diga lo contrario es un imbécil.

Bohemian Rhapsody triunfa de todos modos y la razón tiene nombre y apellido: Rami Malek. El también protagonista de Mr_Robot ofrece una de las más impactantes transformaciones que he visto en el cine, manifestando el carisma y pasión de Mercury y la potencia de sus presentaciones de forma tan orgánica que, posiblemente haya hecho un ritual mágico para ser poseído por el cantante durante filmación. O, ustedes saben, es un fantástico actor que se esforzó con mucho respeto y apreciación a la figura de Mercury, la que ustedes escojan. Él es la razón número uno, dos, tres, hasta el infinito, para ver esta cinta.

Adicional a Mike Myers en su mejor participación corta en un filme desde Inglorious Basterds. Solo algunos nos reímos en sala durante su monologo pero fue una risa bien ganada, si acaso algo empujada. Party on.

Y la música, por supuesto. Al igual que A Star is Born, los superiores momentos musicales son durante las secuencias de la banda frente a público, cuando Malek expresa el incomparable talento de Mercury y la energía que lanzaba y recibía de la frenética audiencia, que se transmite sin problemas a los presentes en sala. Esto es una película para ver en el cine con las mejores bocinas posibles.

No quisiera que la gente saliera de la sala pensando que lo que acaban de ver es la historia verdadera de Mercury y Queen pero, tampoco quiero que se pierdan una de las actuaciones más sobresalientes del año, especialmente los últimos 20 minutos cuando vemos la impactante recreación del legendario cantante en Live Aid, con la que Malik se gana todos los premios, elogios y respeto que le lleguen. It will Rock you!

Bohemian Rhapsody

Más artículos
Crítica: La revancha es dulce en Halloween