Crítica de Godzilla: King of the Monsters

El Rey reclama su trono

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Hay dos formas de hacer una película de Godzilla. La primera es usar el monstruo japonés como una metáfora del comportamiento destructivo humano. La otra es decir “¡que se fastidie!, vamos a poner a pelear bestias como niño borracho chocando sus juguetes”.

Aunque me gustan las que siguen el primer estilo, me complace decirles que Godzilla: King of the Monsters es de las segundas; fantástica acción kaiju que complació mi deseo infantil: ver estas magnificas criaturas con presupuesto de Hollywood en la pantalla más grande posible.

Hay historia envolviendo drama humano pero, ¡vamos!, ir a ver Godzilla por sus humanos es como ir a un negocio de comidas rápidas para que te hagan los impuestos: lo pueden hacer pero probablemente tendrás que cambiarle el techo a tu casa.

¿Qué eso no hace sentido? Tampoco lo hace la trama de esta película y no me importó en lo más mínimo.

Cinco años después del surgimiento de los “MUTOS” y la revelación de Gojira como una especie de guardián del balance en la tierra, el mundo continúa monitoreando la presencia de estas y otras antiguas bestias. Los esposos Emma (Vera Farmiga) y Mark Russell (Kyle Chandler) trabajaron juntos para desarrollar el “ORCA”, un equipo capaz de reproducir las ondas de sonido de los monstruos con la potencial habilidad de calmarlos o hasta controlarlos. Su matrimonio, sin embargo, ha quedado disuelto luego de la muerte de su hijo menor durante el primer ataque en el filme anterior. Mark quiere eliminar todos los kaijus mientras Emma los considera una fuerza necesaria de la naturaleza. El conflicto se traslada a Madison (Millie Bobby Brown), su hija mayor, a quien usan como pelota de ping pong entre sus distintas perspectivas.

La misma pelea ocurre entre el ejército y Monarca, la agencia gubernamental que estudia las criaturas, dirigida por el doctor Ishiro Serizawa (Ken Watanabe).

Cuando el terrorista Alan Jonah (Charles Dance) roba el orca y secuestra a Emma y Madison, Mark necesita la ayuda de ambas organizaciones, ya que Jonah planea despertar el “Monstruo Zero”, una inmensa bestia, mezcla de dragón e hidra que los fans reconocemos como Rey Ghidorah, uno de los enemigos clásicos de Godzilla.

La cinta original de Ishiro Honda en 1954 fue una referencia al armamento nuclear, específicamente los efectos de los bombazos en Hiroshima y Nagasaki. Con su versión del 2014, Gareth Edwards lanzó una referencia al cambio climático, y la reciente Shin Gojira fue una crítica a la mediocre respuesta del gobierno japonés a la crisis de la planta nuclear en Fukushima. King of the Monsters intenta igualar la vibra, al hacer comentarios obvios sobre la influencia del humano en su entorno, la incapacidad de gobiernos contra los retos climáticos y otras cosas más que el guion de Michael Dougherty no fue suficientemente inteligente para manejar. Uno de esos libretos que confunden “complicado” con “profundo”.

También director, Dougherty al menos reconoce la oportunidad que tiene de lanzarnos a un mundo de bestias combatiendo entre sí destruyendo todo a su paso, y la aprovecha todo lo que puede. Ese presupuesto de efectos especiales se usó hasta el último centavo, el último día no les debió quedar ni para un café de Game of Thrones.

Lo único más grande que los Kaiju es la fantástica banda sonora de Bear McCreary, manteniendo la emoción de los zarpazos y rayos atómicos, definitivamente para escucharla con las mejores bocinas disponibles.

Godzilla: King of the Monsters es hecha especialmente para todos los fans del “Monsterverse”, y aunque comete el viejo error sobre exponiendo trama para anticipar futuras entradas a la franquicia (como Godzilla vs Kong el próximo año), tiene la ventaja de tener seguidores (como yo) que no les molestará ver demasiados monstruos. Si ver a Mothra contra Rodan, y a Gojira contra King Ghidorah combatiendo en pantalla grande no es suficiente aliciente, siempre hay algún drama en fine arts que puedes buscar.

Esta película es para verlos pelear. Y los dejaron pelear, excelente comienzo para la temporada veraniega, ¡Monstruosamente recomendada!

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