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Crítica de Terminator: Dark Fate – El futuro vuelve al pasado | QiiBO

Crítica de Terminator: Dark Fate – El futuro vuelve al pasado

Si les preguntas a 100 personas que porque les gustan las películas de Terminator, posiblemente recibas 100 contestaciones diferentes Para algunos la acción, para otros el terror, y siempre habrá quien hable sobre el aspecto filosófico del destino como algo imposible de escapar.

A mí me gustan los personajes. Especialmente Sarah Connor. La VERDADERA Sarah Connor. Y está de vuelta. Welcome back.

Al igual que Linda Hamilton, James Cameron regresa a la franquicia luego de 28 años. Aunque en esta ocasión se mantiene como productor, su mano se siente de principio a fin, quizás demasiado. Si antes de leer esto habías escuchado que Terminator: Dark Fate era como The Force Awakens para esta saga, te aviso que tienen razón, tanto en lo bueno como lo menos positivo.

Lo primero que deben saber es que Dark Fate borra todas las otras secuelas. Olvídense de Rise of the Machines, Salvation y (ugh) Genesys. Esto es una continuación directamente de la segunda.

El “Juicio Final” no ocurrió. En 1997, Skynet no provocó una guerra nuclear exterminando casi toda la humanidad. La misión de John y Sarah Connor, junto a Miles Dyson, y el reprogramado T-800 fue exitosa. El problema es que el futuro de todos modos es un infierno post-apocalíptico. Un Terminador, el Rev9, interpretado por Gabriel Luna, llega para asesinar a Dani Ramos (Natalia Reyes). Afortunadamente para ella, también llega Grace (Mckenzie Davis), una soldado humana “aumentada” cibernéticamente para combatir los imparables robots.

Y Sarah Connor.

Podrán decir lo que quieran de James Cameron pero sabe enamorarte de sus personajes. Por eso lloramos en público durante Titanic, y anhelamos visitar Pandora para defender los Na’vi. Su otro triunfo es escoger los actores necesarios para sus historias, y todavía su mejor decisión fue Linda Hamilton como Sarah. La vulnerable mesera que conocimos en The Terminator se convirtió en la guerrillera paranoica de T2, y ahora es una resentida exterminadora de robots. Hamilton expresa todos esos cambios tan naturalmente como desde la primera, y cualquiera diría que fue ayer que dejó a Sarah atrás.

Les tomó casi 30 años entenderlo pero, Hamilton es la clave para que la franquicia de Terminator funcione. Dark Fate es la mejor película de la saga desde la segunda.

El director Tim Miller (Deadpool) nuevamente demuestra su habilidad para diseñar, filmar y presentar emocionantes secuencias de acción, mientras nos permite conocer y encariñarnos con los personajes. Claro, eso último no es tan difícil cuando dichos personajes son interpretados por Hamilton, Davis y el gran Arnold Schwarzenegger.

Después de dos intentos en Rise of the Machines y (ugh) Genesys, Arnold encuentra una nueva forma de interpretar el modelo 101, aprovechando su habilidad para el humor seco, y su amenazante mirada. Se trata de un T-800 que ha pasado años entre humanos, evolucionando su programa para ser mejor infiltrador, escondiendo su verdadera naturaleza, tal como había explicado en T2. No voy a dañarles la sorpresa pero, admito que me tomó un momento adaptarme y aun no estoy seguro haberlo hecho completamente.

Por otro lado, Terminator: Dark Fate es demasiado parecida a la primera. Un robot viene para matar una mujer que será importante en el futuro conflicto contra las maquinas, ¿les suena familiar? El otro conflicto que tuve con Dark Fate es que no sentí la misma conexión emocional con las nuevas heroínas. Es posible que eso sea más mi problema que al resto de la audiencia, pues ambas Terminator están entre mis películas favoritas de todos los tiempos.

Luna como el nuevo Terminador es aterrorizante, y evoca perfectamente el T-1000 de Robert Patrick, con la habilidad añadida de dividirse en dos, permitiendo excelentes secuencias, y más de un brinco de tensión.

Mientras tanto, Davis es una bestia. No puedo creer que sea la misma chica tímida que nos conquistó en el episodio “San Junipero” de Black Mirror. Humana o ciborg, Davis trabaja las secuencias de acción con perfecta naturaleza, al mismo tiempo que interpreta una soldado con posible síndrome de estrés post-traumático, recordándonos a Kyle Reese, el primer héroe de la saga.

Terminator: Dark Fate está buena. Aunque un poco larga, especialmente durante el tercer acto, me gustó de principio a fin, y lo mismo puede funcionar como el capítulo final, que el principio de una nueva trilogía. No sabemos porque “no existe el destino, excepto el que uno mismo haga”.

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