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Crítica de The Many Saints of Newark

Dicen que “todo tiempo fue mejor” y aunque en Puerto Rico es otra frase más que repetimos como papagayo sin necesariamente pensar su significado, en Estados Unidos prácticamente se convirtió en foco político con el “Make America Great Again”, llamando recuperar un país que solamente existió para algunos, y que de todos modos está pintado por el color de la añoranza. Eso es precisamente uno de los varios temas tratados en The Many Saints Of Newark, la esperada precuela de The Sopranos.

The Many Saints of Newark es un emocional regreso al mundo de The Sopranos, intentando disecar el género de mafia, retando las nociones engañosas de la nostalgia, y los conceptos de familia y masculinidad. En su mayoría lo logra y, cuando no, como quiera deja su impacto.

En muchas maneras es una historia sobre fantasmas, literalmente comenzando con uno: Michael Imperioli regresa como la voz de Christopher Moltisanti narrando algunos momentos del alza y caída de Dickie Moltisanti (Alessandro Nivola), su padre y gran figura a la que nunca pudo alcanzar, no solamente por el nivel mítico a donde estuvo sino por morir joven a manos de Tony Soprano, su propio primo y mentor. En 1967 es el verano del amor pero, mientras San Francisco llenaba sus calles con psicodélicos y protestas contra la guerra, la ciudad de Newark en Nueva Jersey pintaba las suyas con sangre, violencia y crimen cometido por varios figuras buscando su versión del sueño americano. Uno de ellos fue Dickie Moltisanti. En ese mismo año su padre “Hollywood Dick” Moltisanti (Ray Liotta) regresaba de Italia con Giuseppina Moltisanti (Michaela De Rossi) una recién joven esposa a la que Dickie no puede sacarle los ojos de encima aunque el honor de hijo y hombre exige el más recto comportamiento.

No voy a convertir esta reseña en un ensayo de como The Sopranos es una de las más grandes series jamás hecha, básicamente comenzando la llamada “era de oro de la televisión”, demostrando que la pantalla pequeña es completamente capaz de presentar épico contenido tan cinemático como cualquier filme. Por tanto, la expectativa con The Many Saints of Newark estaba por las nubes, especialmente cuando David Chase, creador de la serie, escribió el guion junto a Lawrence Konner (Boardwalk Empire), y es dirigida por Alan Taylor, veterano directo de nueve episodios de la serie –aparte de varios episodios de Game of Thrones. ¿La cumple? No, pero eso habla más de la calidad de lo establecido antes.

Si hay un género de cine donde el estándar está demasiado alto es el de Mafia, con varios títulos en cualquier lista de las mejores películas de la historia. En ese aspecto The Many Saints of Newark queda corta, tanto por la casi inalcanzable vara que le toca asumir, como por intentar demasiado en una sola tirada, aparte de fallar en lo fácil de “servicio a los fans”. Chase presenta algunos de los momentos hechos leyenda en la serie, como comentario sobre la nube rosada con la que miramos el pasado, especialmente los personajes como Dickie, recordado como un gigante pero aquí mostrado como el ser humano imperfecto que somos todos, definido mayormente por sus decisiones.

Lamentablemente el resto de las figuras no reciben el mismo enfoque. Chase se conforma con establecer versiones jóvenes de personajes preferidos por la audiencia sin darles mayor profundidad.  Algunas excepciones ocurren como Harold McBrayer (Leslie Odom Jr.), un rufián trabajando para Dickie que eventualmente decide formar su propia familia criminal cuando acepta que su color de piel no le dejará subir en la de Dickie, especialmente luego de los motines del 1967 donde afroamericanos fueron desproporcionadamente castigados mientras los caucásicos aprovecharon para robar y cubrir otros crímenes. Esta decisión lo lleva hacia una colisión contra su antiguo socio, que marcará ambas vidas. Mientras tanto, Dickie intenta decidir cuanta influencia deberá seguir manteniendo en su sobrino Tony (Michael Gandolfini), quien lo admira como héroe, a falta de su padre encarcelado durante parte de su crecimiento, y a falta de la humanidad de su madre, una de las figuras más significativas y destructivas en su vida, interpretada por la siempre genial Vera Farmiga.

Aunque no disfruta de la filosa mezcla de cinismo, humor y astucia que tuvo la serie, The Many Saints of Newark es una entretenida entrada en la mitología de Los Sopranos que deberá satisfacer viejos seguidores del programa, y probablemente agrade amantes del género de mafia. ¡Criminalmente recomendada!

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