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Crítica: Yo Soy un Político | QiiBO
Crítica Yo Soy Un Político

Crítica: Yo Soy un Político

Dice el gastado cliché que “la política es el deporte favorito de los puertorriqueños” (falso, obviamente). Otro manoseado estereotipo es que la comedia que se hace en Puerto Rico es lo mismo de siempre, sin atreverse a intentar estilos distintos (también falso). Esta semana llega la sátira Yo Soy un Político a relajarse ambas cosas.

Carlos Marchand repite su personaje de “Carlos”, cual interpretó en I Am a Director aunque, en una historia completamente distinta, por lo que no necesitas haberla visto (aunque deberías). En Yo Soy un Político, “Carlos” es el prototipo del boricua del cual nos burlamos diariamente; vago, intitulado, buscando el éxito fácil, completamente convencido de que el merece lo mejor porque…pues, porque sí. Porque “Eneida” (Lillian Hurst), su mama, le dijo que era un nene especial.

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En esta ocasión, “Carlos” acaba de salir de la cárcel y busca algo que le deje buen dinero sin hacer mucho esfuerzo. “El Cangri” (Diego de la Texera) su excompañero de celda, le sugiere gobernador de Puerto Rico. Genial. El problema es que “Carlos” no tiene influencias, seguidores, conexiones, ni idea como correr una campaña. Afortunadamente, vive en el país perfecto donde nada de eso importa porque él tiene una gran sonrisa, frases bonitas, banderas, bocinas ruidosas, y par de lambones.

El filoso guion de Susana Matos y el director Javier Colón Ríos recibe la fuerte influencia del humor absurdo, tan popular ahora mismo en la comedia anglosajona, con el formato de “mockumentary” (falso documental). “Carlos” estaría en perfecta compañía junto al “GOB” de Arrested Development, el “Michael Scott” de The Office, o el “Consejal Jam” de Parks and Recreations, series que, al igual que la 30Rock de Tina Fey, reciben tributos escondidos a través del filme.

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De hecho, en lo que Yo Soy un Político se merece el mayor crédito es por el valor de tener a “Carlos” como protagonista. En cualquier otra producción sería el antagonista o, como mínimo, el tipo antipático de la película. Afortunadamente, Colón supo mantener el balance de “Carlos” al redimirlo con un amor genuino por su madre, y su interés en la maestra “Sara” (Denise Quiñones). Por lo demás, el tipo es imprudente, egoísta, impulsivo y narcisista, combinado con una ambición que lo ciega a sus limitaciones. Muy pocos actores son capaces de manejar ese tipo de personaje y aun así mantenerse al favor de la audiencia como lo hace Marchand.

Nada es perfecto, y el chiste de meterse a la política se comienza a gastar hacia la mitad del filme. “Carlos” comienza como popular para complacer a la “raja tabla” de su madre “Eneida” pero, luego se convierte en estadista y finalmente en independentista. El problema es que no se siente mucha diferencia entre los primeros dos, y para cuando brinca al PIP, el concepto ya sobrepasó su bienvenida. También sentí temas que Matos y Colón solo tocaron superficialmente, quizás por limitación de presupuesto o tiempo.

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Pero mientras eso sucede, hay mucho de que reírse. “Carlos” no está solo en su cruzada de “salvar a Puerto Rico” para guisar fácil; Matos y Colón lo rodearon de una ristra de personajes que me tuvieron los ojos pegados a la pantalla y los oídos en modo parabólico pues los chistes eran continuos, tanto directos como en trasfondo. Desde su leal pero menso primo “Juan” (Hector Oliveras), el rubio americano “Angel” (Edward Lee Thompson), y muchos más, “Carlos” pasa por una colección de las “mejores” ideas de la política puertorriqueñas, que no les voy a dañar aquí. Sin olvidar tener que enfrentarse a “Mickey Gómez” (Carlos Santos), el candidato perfecto con las ideas vacías pero populistas que a todos nos gusta escuchar, y la prensa que lo ama, representada genialmente por Jay Fonseca, quien debió haber disfrutado interpretar la figura de la cual lo acusan diariamente.

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El cine puertorriqueño continúa subiendo de nivel con esta comedia, que va directo al punto de lo ridículo que puede ser el proceso político y no le tiene miedo a burlarse de lo hueco que es la mayoría de los discursos modernos, lo superficial que pueden ser los votantes, con una graciosísima historia, tremendos actores, y firme dirección.

Yo Soy un Político, tranquilo, este crítico está contigo. ¡Inmensamente recomendada!

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