Estado Libre Asociado de Puerto Rico - ELA

Carta al ELA

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Hola. No te pregunto cómo estás, pues sé que en estos momentos te encuentras de cama, sin saber lo que está pasando y, seguramente, al borde de la muerte. De todos modos, quería aprovechar tus últimos momentos para dejarte saber lo que siente este pueblo por ti.

Nos diste mucho, y por eso te amamos (amamos en pretérito perfecto simple, pasado, no en presente) con la lealtad de una esposa que aguanta golpes, infidelidades y carencias, simplemente por todo lo que su marido hizo alguna vez por ella. Es un amor agradecido. No olvidamos que mientras nuestros hermanos hispanoparlantes andaban sumidos en guerras civiles, toques de queda y dictaduras paralizantes, nosotros, bueno, tú, construías Isla Verde, tenías una milla entera de oro, y nos regalabas una combinación perfecta entre orgullo patrio, y dinero americano, todo sin pasar mucho trabajo. El dinero entraba por un lado sin darnos cuenta y salía por otro sin tampoco enterarnos. ¿Y cómo habríamos de hacerlo?, si San Juan fue sede de unos juegos panamericanos antes que Venezuela y que Colombia; si nuestras Miss Universo desfilaban nuestra belleza tropical por allá por donde iban; si éramos la envidia de todos, si vivíamos en el mejor de los dos mundos…

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Pues fíjate tú, mi adorado ELA, que aparentemente nadie te preparó para envejecer dignamente. Explotaron tus atributos y ventajas mientras pudieron, y nunca planearon qué pasaría cuando dejaras de funcionar, cuando los demás países te alcanzaran y, en vez de aprovecharnos nosotros de nuestras ventajas, se aprovecharan ellos de nuestras desventajas y limitaciones. De las nuestras y de las tuyas. Nadie nos advirtió que tu duración tenía fecha de caducidad. Bueno, te tengo que ser sincero, la verdad es que quizás los independentistas sí que trataron de advertírnoslo, pero nunca los lográbamos escuchar entre el ruido que nos dejaban tus éxitos y comodidades. Los estadistas, por su parte, nunca parecieron estar muy descontentos contigo, disfrutaban de administrar tus bienes y bondades como si nunca quisieran que te acabaras. Pero escúchame bien, ELA, cuando te digo que yo presiento que tan pronto vieron que padecías de los primeros síntomas que provocaron tu actual condición, hicieron todo lo posible para mantenerte alejado de cualquier posible medicamento, tratamiento, o cura. De hecho, diría que se esforzaron para apresurar tu fin y que, incluso, intencionalmente te pusieron trabas y obstáculos para que murieras lentamente y sin nadie darse cuenta.

ELA: Luto

Ni ingenios de azúcar, ni exportación de café, ni el hogar de industrias gracias a la 936, (¿ni tecnología bio nuclear?) ni nada de nada. Todo te lo quitaron o todo lo perdiste, nunca sabremos exactamente cómo sucedió. Lo cierto es que hoy quiero, como dice el Gran Combo, despedirme de ti mientras vives, o al menos mientras todavía agonizas. Hiciste lo que pudiste, duraste más de lo que un experimento, que es lo que eres tú, normalmente dura. Nunca te desarrollaste, quizás porque no te dejaron. Nunca creciste, quizás porque no tenías la capacidad. Fuiste simplemente lo que fuiste: un bonito disfraz para nuestra realidad colonial, un maquillaje efectivo ante nuestros aislados ojos con el cual lucíamos poderosos, únicos y especiales. Entonces llegó el momento en que con tristeza chocamos con la realidad de que no, no eramos tal cosa: el experimento fracasó. Ya se te acaba el oxígeno para respirar, y lo que es peor, a nadie le quedan ganas, fuerzas ni ideas para hacerte revivir. Nos rendimos. Me rindo.

Hasta aquí llegamos, mi amigo ELA, espero que nos perdones por dejarte morir así, entre terribles sufrimientos, posado en el Caribe cual pedazo de chatarra. Más aun, perdónanos por inventarte sin saber nunca lo que realmente pretendíamos hacer contigo: te usamos, te gastamos, y ahora que tú, nuestra creación, dejas de funcionar, no tenemos ni puta idea de lo que viene después. Nunca se planeo qué haríamos sin ti. Te pensábamos eterno; te queríamos eterno. Perdón también por eso.

Gracias por todo, ELA de mi vida, y hasta nunca.

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